sábado, diciembre 26

San Antonino De Florencia


Inscrito y bautizado con el nombre de Antonio, nació en Florencia, Italia, en el año 1389, hijo de un renombrado notario de buena posición económica, que le facilitó una esmerada educación y una vida apacible dentro del seno familiar.

Antonio Pierozzi, hijo único, creció menudo y delgado cambiando por ello su nombre por el de Antonino. Como quiera que la profesión de su padre estaba relacionada con las leyes, era deseo de éste que Antonino estudiara abogacía, cosa que realizó con el resultado de una hoja brillante e impoluta, pero la verdadera vocación de Antonino era la vida religiosa.
Con el consentimiento de sus padres solicitó su ingreso en la orden Dominicana, solicitud que le fue denegada debido a su estatura y delgadez. Pero Antonino no se dio por vencido y volvía a solicitar su ingreso una y otra vez, por lo que el superior de la orden, el Beato Juan Dominici, le impuso como condición el memorizar todo el Derecho Canónico, creyendo, dada la imposibilidad de que lo realizara, que así desistiría de su idea.
Sin embargo Antonino en tan solo unos meses se presentaba ante el superior con el Derecho Canónico íntegramente memorizado, lo que le valió la entrada en la orden, a la que se dedicó en cuerpo y alma, cumpliendo las abstinencias y vigilias y desprendiéndose de todas sus pertenencias terrenales.
Se dedicó al estudio y a la oración, llegando a ser considerado un modelo de perfección.

Hombre sencillo y prudente, dedicó toda su vida a la religión.
Del año 1413, año de su ordenación sacerdotal, al año 1446, ocupó varios cargos en su Orden: Vicario, Visitador, Prior en Fiesole, en Roma, en Nápoles y en Florencia desempeñando, estos cargos con gran caridad y capacidad humana.
Debido a su extraordinaria versatilidad en el campo religioso, jurídico, político y económico, que lo ocupaba diariamente en audiencias a los numerosos visitantes de toda clase que iban a plantearle sus problemas, fue llamado cariñosamente “Antonino de los consejos”.
A él se debe el mérito de haber la Summa moral, definida “la gran enciclopedia sistemática del pensamiento y de la práctica de la vida cristiana”. En todos sus escritos se nota la tendencia a descartar las “doctrinas sublimes” para detenerse solamente en lo que consideraba útil para él y para los demás.



En 1446, cuando quedó vacante la sede episcopal de Florencia, Antonino fue nombrado por el pala Eugenio IV, arzobispo contra su voluntad, según parece por sugerencia del Beato Angélico, que se encontraba en aquel tiempo en Roma realizando una obra de arte encargada por el Papa.
Antonino llegó a asustarse tanto ante el inesperado nombramiento, que huyó a esconderse en Maremma, teniendo el Papa que amenazarle con la excomunión si no aceptaba.
Antonino aceptó, pero siguió viviendo como un monje. Sus únicas posesiones personales eran escasos muebles y una mula.
Las puertas del Palacio Episcopal estaban siempre abiertas para los necesitados, sobre todo para los pobres, que eran recibidos con especial atención.

Durante su periodo de arzobispado, dio muestras de extraordinarias cualidades como pastor, así como de sabiduría y prudencia, entregándose al mismo sin descanso.

Murió el día 2 de mayo de 1459, tras una dura enfermedad. Varios días después de morir, su cuerpo despedía un olor suave, como si aún estuviese en vida. La devoción del pueblo por darle un último adiós era tal, que no pudo ser enterrado hasta ocho días después de su muerte.

Fue canonizado por Adriano VI el 31 de mayo de 1523. Por sus méritos de santidad y escritor insigne se le ha propuesto, igual que a San Raimundo de Peñafort, como Doctor de la Iglesia.

Actualmente se venera en el convento San Marcos de Florencia y se encuentra incorrupto.

miércoles, diciembre 16

El Hombre E, Atrapado En El Terror



El llamado “Hombre E”, debido a la usencia de datos en su sepultura que le asignaran una identidad, careció del derecho de ser enterrado, según las creencias, de forma que pudiera pasar a la otra vida.
Posiblemente víctima de un envenenamiento, el dolor que sufrió en su dura agonía quedó atrapado en su rostro, reflejando en una escalofriante y eterna mueca, el horror que sintió antes de exhalar su último aliento, tal vez por el duro trance de su muerte, tal vez por miedo, al intuir que su espíritu había sido condenado a permanecer en las tinieblas.

El descubrimiento de la momia del “Hombre E”, se produjo en 1881, en la zona del valle de Deir El Bahri, a 300 millas al sur del Cairo, junto Ramsés el Grande, Seti I y Tutmosis III, todos ellos importantes faraones de Egipto. Pero aún a pesar de estar enterrado en una tumba real, la diferencia con ellos, como pudieron comprobar sus analizadores, era abismal y todo su enterramiento en sí estaba envuelto en el misterio.
Algunos años más tarde, en 1886, ante Gastón Maspero, jefe del Servicio de Antigüedades de Egipto, se procede a desenvolver las momias de los 40 reyes y reinas encontrados unos años antes, para los posteriores análisis de las mismas por los investigadores pertinentes.

Entre estas momias se encontraba la del “Hombre E”, y la apertura de su ataúd, así como los resultados de su examen, causó un gran impacto entre los médicos e investigadores que se encargaron de ello.
Cuando lo desempaquetaron, las grasas de su cuerpo, absorbidas por el natrón, emitieron un estallido pútrido. Los vendajes eran de alta calidad. Debajo de las vendas, su piel estuvo cubierta con una capa muy gruesa de natrón, de resina machacada, y de cal viva. Su cuerpo todavía tenía los órganos internos en su lugar. Incluso conservaba sus pendientes del oro.
El rictus que aparecía en su rostro lanzaba un silencioso grito de angustia que permaneció a través del tiempo
Su cuerpo, un varón de unos 20 años, estaba bien conservado, aparecía envueltos en pieles de oveja o cabra, símbolo de impureza en el antiguo Egipto; carecía de los habituales cortes en el bajo abdomen, lo cual indicaba que no se le habían extraído los órganos interno, y bajo los vendajes de pieles, aparecían otros fuertemente atados que habían dejado señales en sus huesos.
Según el médico Daniel Fouquet, uno de los doctores que realizó su autopsia, la contracción estomacal, claramente visible, daba muestras de que había sido envenenado, y sus últimas convulsiones de tan horrible agonía aún podían visualizarse en su rostro.
Pero nada de estos exahutivos análisis arrojaron luz sobre quién fue en vida ni el porqué de su horrible muerte y enterramiento.

Fueron muchas las hipótesis que se barajaron entonces.
Se barajó la posibilidad de que se tratara de la momia del hijo mayor de Ramsés III, Pentewere, quién, junto con su madre Tiy, apoyados por un gran número de nobles, habían ejecutado un plan para matar al faraón y ascender al joven al trono. Al ser este plan descubierto, sus conspiradores fueron llevados a juicio y condenados a muerte.
Posiblemente Pentewere, debido a su status real, se libro de morir ejecutado a cambio de hacerlo mediante el veneno, veneno que se suministraría él mismo.
También se jugó con la posibilidad de que hubiera sido un príncipe hitita rival. Esta teoría se basaba en una carta que fue escrita por la viuda de Tutankamón.
Otra posibilidad era que se tratara de uno de los hijos del rey Hitita, llegado a corte a petición de la viuda del faraón, al morir éste sin dejar heredero, para que se convirtiera en faraón y asegurarse así ella su poder. Desafortunadamente el joven habría sufrido una cruel muerte.


Más de un siglo después, en abril del 2006, una nueva exploración realizada en 3D, permitió conocer nuevos datos sobre el desconocido “Hombre E”.

Tras ella se supo que, al contrario de lo que se dijo en su primera, un siglo antes, la momia carecía de vísceras, tal y como era costumbre entre los egipcios.
El análisis de sus dientes dio como resultado de que se trataba de un hombre de aproximadamente 40 años, una edad más en consonancia con la de Pentewere , pero no se comprende entonces, por qué un criminal fue enterrado en el mismo panteón de los reyes.
Debajo de las vendas, su piel estuvo cubierta con una capa muy gruesa de natrón, de resina machacada, y de cal viva. El cuerpo sí presentaba los órganos internos en su lugar, lo que anulaba lo declarado por los investigadores un siglo atrás.
También cabe la posibilidad, de hubiera sido preparado para su entierro por personas no egipcias y por lo tanto no habituadas a procesos de momificación.
El uso del óxido de calcio en su cuerpo, parece apuntar la dirección de influencia griega.
El óxido de calcio, mucho más áspero en sus características de desecación que el natrón egipcio natural, era evitado por embalsamadores egipcios, que eran más delicados en la preservación del cuerpo.
Los griegos que utilizaron este método para tratar los cadáveres, equivocadamente tal vez creyeron que en los los egipcios lo usaban también, por lo que procedieron a embalsamarlo con dicho método.
También entre ellos era costumbre enterrar a los hicsos con sus ovejas y envuelto en zamarras. Esto indica otra vez que "embalsamaron" al “Hombre E” probablemente en un país extranjero donde las zamarras fueron curadas y empleadas en un contexto funerario.
Igualmente pudiera tratarse de un noble o un príncipe egipcio de alta posición en un país asiático, y que muriera allí.
La gente de ese pueblo, quiso hacer lo mejor para él, pero no eran embalsamadores, ni conocían sus técnicas para hacer una momia como los egipcios, y al final del pseudo-proceso de momificación, lo devolvió a enterrarlo a su país de origen.
Imagen computarizada en 3D del supuesto rostro del "Hombre E"


Usando modernas técnicas forenses, se hizo una reconstrucción facial creando un cráneo en 3D del “Hombre E”. El resultado fue la revelación de un hombre de cara fuerte y bella, prominente nariz y mandíbula larga, que corresponde con un fondo hitita.
Los egipcios tienen la parte inferior de la cara más larga, y un amplio cráneo desde la frente hacia atrás, al igual que el "Hombre E", lo que sugiere que es un antiguo egipcio.

Todos estos análisis de la ciencias moderna, han arrojado muchos datos sobre el desconocido, pero a pesar de ello, aún desconocemos su verdadera identidad, que posiblemente haya quedado al igual que su último grito, atrapada en el tiempo.

martes, diciembre 8

Las Momias De Vác


En el año 1994, un grupo de trabajadores de un pequeño pueblo llamado Vàc, en las afueras de Budapest, en Hungría, se dirigía hacia la iglesia de Los Dominicos, con la misión de proceder a la restauración de la misma.
Habían sido requeridos por el sacerdote, Josef Zavecz, que estaba preocupado desde hacía tiempo por unas grietas aparecidas en la una de las paredes de su iglesia, y que se iban acrecentando considerablemente.
A primeras horas del día, emprendieron, junto con el sacerdote, la tarea de inspeccionar el templo.

Como quiera que al golpear con un martillo una de las paredes bajo la torre sonara a hueco, decidieron derribarla, comprobando que se trataba de un delgado tabique, añadido a la construcción original, posiblemente para ocultar un espacio.

Asomado por el agujero derribado, el sacerdote se sorprendió al ver una escalera descendente oculta en la oscuridad. Inmediatamente se dio cuenta que habían encontrado con una bóveda oculta.
Aunque en esa primera exploración creyó que se trataba solamente de una cámara de vacío que había estado olvidada bajo el suelo de la iglesia, cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, vio a cientos de ataúdes (265), apilados desde el suelo hasta el techo, ordenadamente por su tamaño, llenando la cripta y olvidados durante más de doscientos años. Cada uno de ellos había sido cuidadosamente pintado a mano con brillantes colores, representando figuras como crucifijos, flores, citas, versos de la biblia, ángulos, el cráneo y las tibias cruzadas, relojes de arena, inscripciones y “Memento Mori”, todo ello como si se hubiera querido hacer un homenaje a la vida obviando la muerte.

Ningún féretro era igual a otro. Cada uno de diferenciaba de los demás por las pinturas que lo decoraban, personalizadas de acuerdo a la persona que albergaba en su interior y haciendo referencia a la misma. Así, el ataúd que fue la última morada de un minero, estaba decorado además de con flores y huesos, los utensilios que había utilizado en la vida: un pico y una pala.
Todos los enterramientos se realizaron entre 1731 y 1838.

Cuando se procedió a la apertura de los mismos, se descubrió que todos los cuerpos estaban momificados y en perfectas condiciones. La piel, el cabello y las uñas estaban intactos, así como sus vestimentas, las prendas tejidas a mano, y las medias que vestían sus pies. Rosarios, y otros objetos personales, lucían igualmente bien conservados, dejando con ello una valiosa información sobre las costumbres y vida cotidiana de los pueblos húngaros durante el siglo XVIII.

Debidos a las condiciones de la cripta sellada, se creó una momificación natural de los cuerpos
Después del estudio de los restos, se llegó a saber a quién habían pertenecido en vida, en donde vivía y a qué se dedicaban. Pertenecientes a la clase media, tenían el privilegio de utilizar la iglesia como lugar de entierro, la gran mayoría, personas acaudaladas y con unas buenas condiciones de vida. Entre los muertos había comerciantes, artesanos, funcionarios, sacerdotes y políticos.

Pero junto a ellos no solamente fueron enterradas sus pertenencias. También se llevaron a la tumba dentro de sus cuerpos los organismos de una epidemia que asoló Europa en los siglos XVIII y XIX: La peste Blanca, o tuberculosis, nombre con el que la conocemos hoy en día.


Tras un minucioso análisis, se encontró que el 55% de los restos óseos de los168 individuos estudiados, tenían ADN de M. tuberculosis, corroborando así que lo prevalente que fue esta enfermedad en Europa en durante la plaga, y que arrasaba familias enteras.


Algunas de ellas, fueron enterradas en la cripta de Vác.
Esto da lugar a barajar la posibilidad que el motivo del enclaustramiento de de la cripta, pudo deberse precisamente para aislar a del mal a los que habían perecido por él.


Un cirujano australiano, el Dr. Mark Spigelman, ha dedicado muchos años al estudio de las bacterias que se encuentran en las momias, así como un análisis de su ADN. La información obtenida de este ADN antiguo podría proporcionar información que ayudará a luchar contra la tuberculosis.

Algunas de estas momias están expuestas y pueden visitarse en la Iglesia Dominicana de Vác, Hungría

sábado, noviembre 28

Las Momias De S. Michan's

La Iglesia Parroquial de St. Michan’s, en Church St. Lower Dublín (Irlanda), fue fundada en el año 1095, en la orilla norte del río Liffey.
Según parece, la fosa medieval que rodeaba el edificio, creaba en las criptas un ambiente extremadamente seco, las paredes de piedra caliza chupaban la humedad, y el gas metano que salía de la tierra actuaba como un agente de secado propiciando así la momificación de los cuerpos que allí eran sepultados.


Hasta aproximadamente el año 1700, debajo del altar y el presbiterio de las iglesias se construían criptas en donde eran enterradas las personas pertenecientes a la nobleza y al feudo. El lugar del enterramiento se hacía de acuerdo al rango del fallecido. Así, la más alta alcurnia era sepultada en la zona más cercana al altar, distanciándose del mismo aquellas otras que no gozaban de los mismos privilegios.
A partir de 1700, los enterramientos en dichos lugares solamente se efectuaban mediante previo pago.
Los ataúdes se iban colocando uno encima del otro conforme se iban produciendo los enterramientos. Parece que debido al peso que se iba acumulando, los de abajo terminaron por romperse dejando al descubierto los cuerpos de su interior, y comprobándose el estado momificado de los mismos.
En una de las criptas de la Iglesia, están expuestos al público algunos de las momias anónimas, carentes de datos que las identifiquen, Todas conservan en perfecto estado las orejas y la uñas, así como los pliegues de la piel de los dedos.

Se asegura que una de estas momias se trata de una monja que había tenido una vida longeva pues había vivido más de 100, haciéndose patente en ella cierta deformación ósea provocada por una artritis aguda en los pies y las manos.


Otro de los allí expuestos en vida fue un Cruzado, de considerable altura para la época que le tocó vivir y al que además le falta un dedo y presenta las piernas rotas, según se dice, se las rompieron en el momento de darle sepultura, pues debido a su altura no tenía cabida en su último lecho, a fin de poder ser doblados.
También está expuesta una momia que carece de una de sus manos. Posiblemente se trataba de un ladrón, cuya pena fue, como era costumbre entonces, amputarle el brazo con el que había cometido el delito. Igualmente este el cadáver carece de pies, por el mismo motivo que El Cruzado.
La causa de que un ladrón se enterrara en una cripta de honor, se debe, según la leyenda, a que llegó a arrepentirse de sus fechorías y se hizo sacerdote, consiguiendo así el perdón y reconocimiento.
La cripta también tiene los ataúdes de los hermanos Sheare que fueron ejecutados por los británicos - y como se descubrió recientemente descuartizado y - para el levantamiento de 1798, así como el matemático William Rowan Hamilton, muchos de los Condes Kenmare , y supuestamente - aunque otros aseguran él también - los restos de Robert Emmet, el rebelde irlandés muerto por los británicos en 1803.


Existen en la Iglesia Parroquial de St. Michan’s otros muchos cuerpos momificados que no están expuestos al público seguramente porque tienen una identidad, y que gracias a ello, pueden conservar su derecho a la intimidad y al descanso eterno sin intromisiones.

martes, noviembre 17

Soldados Tiroleses

Un pelotón de soldados austríacos perteneciente a la Guardia Imperial Tirolesa, ascendía trabajosamente a 3.400 m. de altura sobre el nivel del mar, por las nevadas laderas de la montaña de San Matteo, cerca de las fronteras suiza y austríaca en los Alpes Italianos. Habían salido de su refugio en las profundidades del glaciar Marmolada, también al norte de Italia que formaban una red subterránea, conocida como la "Ciudad de Hielo" y que consistía en un laberinto de túneles construidos a 60 metros bajo el hielo, que conectaban cinco núcleos, compuestos por barracas, generadores eléctricos, unidades de primeros auxilios y cocinas Algunos de estos túneles estaban construidos bajo 60 metros de hielo.

Era el día 13 de septiembre de 1918, y en plena I Guerra Mundial, tropas italianas y austríacas se enfrentaban en las montañas, en lo que luego se llamaría “La Gran Batalla”.

Los soldados avanzaban intentando apoderarse de la cima. Tres de ellos tomaron avanzadilla adelantándose considerablemente de sus compañeros. Equipados con sus casacas de combate ajustadas con gruesos cinturones de cuero, portaban todo el equipamiento necesario para el trayecto hasta la cima y para un posterior combate: bayonetas, máscaras de gas, botellas con agua, y víveres necesarios.
Aún a pesar la ventaja sobre sus compañeros, el ascenso se hacía penoso sobre el hielo congelado de las laderas, el frío entumecía sus miembros hasta dejarlos insensibles y un viento helado congelaba sus rostros.
Cada uno de ellos aspiraba a coronar cuanto antes la cima como una muestra más del avance hacia lo que sería una cruenta batalla, temida pero a la vez deseada, que los acercaría cada vez más hacía una victoria y un deseado final.

Y así, sumidos en sus esfuerzos y sus pensamientos, ni siquiera tuvieron pudieron darse cuenta de que una granada enemiga estallaba a su paso, acabando con sus vidas y dejándolos enterrados bajo una gruesa capa de hielo.

Ochenta y seis años después serían hallados fortuitamente en el glaciar Forni por Maurizio Venzi, director del museo militar de la ciudad de Peio, situada en la región de Trento, en Italia, cuando buscaba objetos para su museo. Los tres soldados aparecían cabeza abajo, vestidos con sus uniformes y junto a ellos todas sus pertenencias y en perfecto estado de conservación, con las manos y el rostro bien definidos, lo mismo que las uñas, dientes y piel.

Después de ser sometidos a una investigación forense, fueron enterrados en un cementerio militar local.

lunes, noviembre 9

La Señora De Cao


Aunque se barajan varias hipótesis, la muerte de la Señora de Cao, ocurrida hace más de 1700 años sigue siendo una incógnita. Sí se sabe con certeza de que el deceso se produjo cuando contaba entre 20 y 25 años de edad, su estatura era de 1,45m., y aunque algunos apuntan que pudo ser debido a un peligroso o mal afortunado parto (su abdomen aparece dilatado y con cicatrices); otros anotan que aunque estuviera embarazada en el momento de morir, el motivo de la misma pudiera deberse a un estado de crisis en la sociedad moche, dado los cambios que presenta la pirámide en sus estructuras, motivados por lluvias torrenciales que la afectaron gravemente.
También hay quién se decanta por un suicidio o asesinato para calmar a los dioses… hipótesis en fin, que quedan en la incógnita de la realidad, pero lo que sí se sabe con certeza es que se trata de un personaje muy importante en la sociedad mochica del valle de Chicama.

Fue descubierta en el año 2005 en el valle de Chicama, (Perú) en la huaca de Cao Viejo, ubicada en el Complejo Arqueológico de El Brujo, que se levanta en el distrito de Magdalena de Cao, en el departamento de La Libertad, en el lugar mismo de su enterramiento en el interior de su pirámide funeraria, por el arqueólogo Régulo Franco de la fundación Augusto N. Wiese, y su descubrimiento confirma algunas de las teorías acerca de esta antigua sociedad preínca las cuales se basan en que la mujer ejerció el poder político y religioso en el valle de Chicama.


El fardo encontrado guardaba dentro de un cuerpo en perfecto estado de conservación, según los investigadores, debido a que el nivel intermedio en el que estaba enterrado, lo mantuvo alejado de la superficie y protegido así de la humedad de las lluvias.

Igualmente se encontró un bello e importante ajuar de collares de oro y plata que simbolizan poderes mágicos, narigueras, pendientes y báculos que representan el poder de gobernante y una condición semidivina.

Los análisis efectuados dieron como resultado que el cadáver fue tratado con un mineral llamado cinabrio o sulfato de mercurio, un metal rojizo usado desde tiempos remotos por los antiguos peruanos y otras culturas con fines ceremoniales relacionados con la muerte. Esta sustancia era utilizada por aquellos que temían que las personas muertas regresaran a la vida, y actuaba como un repelente y veneno para las bacterias que podrían haber deteriorado el cuerpo. Igualmente algunas de las telas y metales con las que fue enterrada la Señora de Cao también fueron impregnadas de este mineral.
Su rostro fue cubierto con un paño de algodón y protegido con un recipiente de cobre dorado, y sobre el pecho descansaba un plato del mismo metal.


El cuerpo también presentaba tatuajes de serpientes y arañas en los antebrazos, los tobillos y los dedos de los pies, animales que en la simbología andina, están vinculados con la fertilidad de la tierra. Todo esto apunta a que la mujer enterrada realizaba las labores de chamán o adivina.


Junto a ella fueron encontradas armas de guerra como mazas y lanzas, algo totalmente inusual en el enterramiento de las mujeres.

La Señora de Cao no fue enterrada sola, en sus funerales se habían realizado rituales mágicos no exentos de sacrificios humanos, como así lo demuestran las osamentas halladas en la tumba principal. Se trata de los restos de una adolescente que fue estrangulada y colocada al lado izquierdo del fardo. Al sur de la tumba se encontraron los restos de un individuo, a quien los arqueólogos llaman el guardián de la tumba. Otros tres fardos funerarios ubicados al pie del muro sur forman parte de este entierro, pero estos aún no han sido abiertos. Sin embargo, las radiografías que se les ha tomado revelan que se trata de individuos que poseen diversos ornamentos personales.

En definitiva la señora de Cao se conserva tan "sumamente bien" que en uno de sus vestidos se aprecia el "escupitajo" del enterrador, costumbre esa del salivazo común en ceremonias fúnebres de la cultura Moche.

Fuentes consultadas: National Geographic – Junio 2006

jueves, octubre 22

Momias Honshu



Las momias de Honshu, pertenecientes a monjes ascetas, comenzaron a producirse a lo largo de toda la región de las montañas sagradas en Yamagata central, en Japón, hace más de mil años, en el interior de unos templos sin resguardo ni protección ambiental.


El primer caso de momificación data del año 1081 y el último de 1903.

La peculiaridad de estas momias, llamadas también Momias Sokushinbutsu o Momias Vivientes, consiste
en que la momificación comenzaba a producirse en vida, durante un voluntario y doloroso proceso de largos y penosos años, que podía durar diez. Su finalidad era llegar a convertirse en buda estando vivo (Sokushinbutsu) con objeto de encontrar el nirvana.

Fueron un gran número, a lo largo de todos los años transcurridos, los monjes que se sometieron al proceso de momificación en vida, aunque la gran mayoría no llegó a conseguirlo.
En la actualidad se conservan un total de veintiocho, un gran número de las cuales se encuentran en los templos del norte de Honshu, y pueden ser vistas.

El proceso comenzaba realizando el monje durante mil días una dieta drástica y muy escasa, con objeto de reducir la grasa corporal a base de cantidades pequeñas de frutos secos y harina, recolectados por él mismo en el bosque que habitaba. Al reducir al límite el nivel de grasa en vida, una vez producida la muerte se evitaba la descomposición.
El agua que bebía y con la que también confeccionaba el té, procedía de las fuentes de la montaña, y era un agua reservada solamente para los monjes que buscaban la momificación.

Estudios recientes han desvelado que el agua de dichas fuentes contienen unos altos niveles de arsénico, potente veneno que provoca la muerte de las células del cuerpo, además de ser un fuerte preservante, lo cual contribuía a la conservación del cuerpo.


Llegan entonces otros mil días en los que la dieta se hacía más estricta aún. La alimentación se realizaba a base de raíces y cortezas de pino, faltando del organismo prácticamente casi toda el agua y la grasa corporal. En esta etapa el monje se entrega fervientemente a la oración y toma el té preparado con la savia de un árbol venenoso llamado urushi, que lo hacen sudar, vomitar y orinar continuamente, reduciendo aún más sus efluvios corporales.
La toma de este té venenoso es crucial para el proceso, dado que el veneno, al pasar a la piel, se concentra en el cuerpo, protegiéndolo así contra los gusanos e insectos que acudirían después de su muerte.
En esta etapa su experiencia física de apariencia esquelética, casi totalmente deshidratado y nulo de grasa corporal.

El último periodo del proceso lo vive el monje entra grandes dolores provocados por el veneno del té.
Entonces construye él mismo un refugio subterráneo a unos tres metros bajo el suelo, donde coloca un ataúd de madera, que también ha fabricado, y en el cual se coloca en posición de loto, cubriéndose casi totalmente, y respirando a través de un tubo de bambú.
Continúa con sus meditaciones y la drástica dieta de raíces y cortezas de pino y guarda en su poder una campana que hace sonar una vez al día, comunicando así a los otros monjes que aún sigue vivo.



Cuando la campana se silencia, señal de que se ha producido la muerte, se realiza el enterramiento completo, volviéndose a desenterrar pasados otros mil días.
Este desenterramiento mostrará si el largo tiempo de dolor y sacrificio realizado por el monje dieron el resultado requerido y su cuerpo se ha momificado. En caso de positivismo, quedara momificado de manera natural permanentemente, considerándose al monje una momia viviente.

Este tipo de prácticas pues prohibida por el gobierno japonés a finales del siglo XIX.

jueves, octubre 15

Recordatorios Mortuorios, Oración Para La Eternidad

 
1810
Un recordatorio mortuorio no tiene la finalidad de recordar al difunto, sino a su muerte.

 Niño muerto en Bégica
Realizado sobre grueso cartón pretendiendo que perdurase, ha llegado a mantenerse casi durante dos siglos.

Utilizando como imagen el retrato mortuorio, se adornaba con orlas y coronas fúnebres, lemas de duelo, con las que se coronaba el marco del retrato del difunto reflejada en el anverso.
En el reverso constaba la imagen de una tumba, y una esquela inscrita que especificaba la edad del finado y la fecha en la que se produjo la muerte, acompañada de una oración o jaculatoria, que prometía cierto número de indulgencias cada vez que se rezara, y así el alma que había abandonado el cuerpo, tenía más oportunidades de alcanzar la gloria, en caso de que estuviese en el purgatorio.

 Tarjeta Mortuoria Alemana Familia Aurich-1914








Este recordatorio mortuorio, además de alcanzar el modo de retener una última imagen del ser querido y perdido y conservar siempre su recuerdo, adquirió también la misión de actuar como portavoz de la trágica noticia a familiares, parientes lejanos y amigos que vivían a cierta distancia.


A través del correo, (el único medio de comunicación que existía), se les hacía llegar lo que se denominó Esquela Mortuoria o Recordatorio.


Posteriormente, y ya casi en desuso la fotografía post mortem, en las esquelas mortuorias comenzó a usarse un retrato del finado en vida. Esta nueva moda tuvo su mayor auge durante la primera guerra mundial, y las posteriores, dando al desaparecido un aura de heroicidad y valentía, al morir en un acto heroico.

miércoles, octubre 7

La Marquesa Xin Zhui


Xin Zhui sentía que le pesaba la vida, que su salud se hacía cada vez más debilitada deteriorándose por momentos, y que sus cincuenta años le estaban pasando factura.

La obesidad adquirida en los últimos tiempos a casa de una inapropiada y abundante alimentación, la habían perjudicado notoriamente causándole fuertes dolores de espalda. Sus arterías se habían obstruido provocándole dolencias cardiovasculares y dañando gravemente su corazón, También sus vías biliares, taponadas por cálculos, le causaban grandes dolores y molestas digestiones, agravadas además por los parásitos que habitaban en sus intestinos, entre ellos las perjudiciales tenias.

 Quedaban lejos los años en los que la vida le sonreía sobremanera junto a su esposo, marqués y gobernador del feudo imperial Han de Dai en la época de la Dinastía de los Han Occidentales, y a su hijo; una vida colmada de lujos y de riquezas, en la que disfrutaba de de alimentos exóticos, finos tejidos y un valioso mobiliario de las mejores lacas y maderas.
Sofisticados maquillajes acrecentaban su belleza, y como mujer culta, no faltaban en su estancia libros escritos por los más sabios, en particular los medicinales.

La muerte de su marido y de su hijo la sumieron tal vez en un camino sin retorno que la empujó a reunirse con ellos.

El día que la vida decidió que sería el último para ella, tomo una gran cantidad de alimentos, como últimamente era habitual en ella, (entre los cuales se encontraba el melón). Tras la ingesta, sus vías biliares se obstruyeron completamente causándole un dolor agudo, que precipitaron un ataque al corazón que le produjo la muerte, Esto ocurrió entre el 190-168 a.C.

Su cadáver, tal y como correspondía a su rango, fue envuelto en veinte capas de lujosas telas y fijadas por cuatro cinturones, asfixiando así a las bacterias que normalmente devoran el cuerpo poco después de la muerte.
El cuerpo fue introducido dentro de cuatro ataúdes y colocado en una cámara funeraria de madera que actuaba como refrigerador natural.
Junto a ella se depositaron vajillas de laca exquisita, alimentos exóticos y telas de finos tejidos, hierbas medicinales e instrumentos musicales, para allanaran así su camino hacia la inmortalidad.

Sobre la cámara mortuoria se depositaron cinco toneladas de carbón de leña, así como barro y tierra para asegurar que la tumba quedara sellada eternamente, muy cercana a donde descansaban los restos de su esposo y su hijo, en un lugar situado en Wulibei a unos kilómetros al este de Changsa en la provincia de Hunan.

Y permanentemente estuvo sellada hasta que a principio de la década de 1970, fue descubierta por un equipo de arqueólogos que realizaba excavaciones en dicho lugar.

Bautizada con el nombre de Lady Dai, el posterior análisis de sus restos fue motivo de asombro por parte de los especialistas que lo realizaron.
Aún a pesar de haber transcurridos casi dos mil años desde su defunción, el cuerpo presentaba una piel suave y los miembros tan flexibles, que podían ser manipulados fácilmente. Tenía el pelo intacto y conservaba perfectamente todos sus órganos internos, lo mismo que los restos de la sangre en sus venas, catalogada al grupo A. En su estómago descubrieron abundantes semillas del melón, que había ingerido en su última comida.


A consecuencia de este buen estado de conservación que presentaba, se pudo hacer del mismo una verdadera autopsia, por la cual se pudo conocer la edad y el motivo de su fallecimiento, así como las enfermedades que la noble dama padeció en vida.

Reconstrucción de como Lady Dai pudo ser en vida
Si bien todo esto sorprendió a los científicos, aún lo fue más el descubrir que el cuerpo había sido inmerso en un líquido rojizo y desconocido del que aún conservaba huellas. Pruebas realizadas a este brebaje, puso de manifiesto que se trataba de una sustancia ligeramente ácida, y que en ella estaban presentes ingredientes como magnesio y sal, así como otros que ha sido imposible catalogar.

El resultado total de los análisis determinó que el cuerpo fue embalsamado después de morir, por un método distinto a que utilizaban los egipcios y cuyo proceso es hasta el momento una incógnita,
aunque se cree que en todo ello jugó un papel determinante el extraño brebaje en el fue sumergido. Pero nada se puede afirmar con certeza.

Queda por tanto, en torno a la Marquesa Lady Dai, un verdadero misterio, que tal vez en un futuro y con los avances de la ciencia, pueda ser desvelado.

domingo, agosto 30

Las Momias De Llerena

Las momias de Llerena fueron descubiertas en el año 1964 durante los trabajos de restauración en la plaza y en el interior de la iglesia de la Virgen de la Granada, en la localidad de Llerena (Badajoz).

Al derribar un muro intentando encontrar los restos de la antigua fortificación alminar, los trabajadores se toparon con una puerta que a duras penas consiguieron abrir. Tras ella les esperaban más de dos mil cadáveres y restos de otros tantos (posteriormente llegarían a pasar los seis millares), algunos de los cuales se encontraban momificados.

Las extrañas posiciones de los restos, y las tremendas expresiones de horror que reflejaban los mismos dejaron asombrados a sus descubridores. A todas luces se intuía que allí se había producido un emparedamiento colectivo.
Se habló de víctimas de la Inquisición o de la Guerra Civil, y por motivos que se desconocen el muro fue otra vez tapiado, quedando nuevamente los restos de los cuerpos encerrados y olvidados en su prisión permanente.

Quince años después, en 1979, la Dirección General de Bellas Artes emprendió la tarea de recuperar el Patrimonio Histórico y Llerena no podía ser menos.

Se emprendieron los trabajos y como ocurrió en el año 1964, al llegarle el turno a la Iglesia de la Virgen de La Granada, fueron reencontrados los restos ocultos, junto con objetos de la época que habían pertenecido a los mismos, tales como rosarios, botones, monedas, hebillas de zapatos y cruces entre otros.

Con el apoyo del Ministerio de cultura se procedió al estudio y la clasificación de los miles de cuerpos, cuyo estudio fue llevado a cabo por los departamentos de Antropología de las universidades de Extremadura, Madrid, Barcelona y Sevilla.
El resultado del mismo fue aterrador: Se trataba de restos anteriores al siglo XVII, algunos de los cuales presentaban fracturas ocasionadas presumiblemente por violentos golpes, cráneos aplastados. El rictus de horror en sus rostros era clara evidencia de muertes marcadas por la tortura y el sufrimiento.

Dado que junto a ellos fueron igualmente encontrados instrumentos de torturas de la época (alguno de los esqueletos conservaban un objeto de tortura rodeándole el cuello), se relacionó el genocidio con la Inquisición Española, durante la cual Llerena fue una importante sede en el siglo XVI, y en cuya plaza se celebraban autos de fe.

Otras investigaciones realizadas revelaron que las momias que se conservaban habían sufrido un proceso de saponificación, lo cual revela que habían sido, tal y como se apuntó en los primeros momentos de su descubrimiento, a un emparedamiento colectivo.

Este tipo de enterramiento en vida, provoca un proceso mediante el cual la grasa corporal se transforma químicamente en una masa de color gris y de tacto granuloso y compacto, dando lugar en los restos a un extraño color grisáceo, síntomas que presentan los cuerpos descubiertos.

Sin embargo, los análisis efectuados a algunos de los restos determinaban que se trataba de restos de otras épocas, dejando así la incógnita del enterramiento masivo en un lugar en el que en la época en que se produjo contaba con una comunidad ínfima de habitantes.

A pesar de que los investigadores siguen trabajando sobre este descubrimiento tratando de esclarecer las dudas que presenta el mismo, no hay ninguna sobre la terrible muerte que tuvieron los mismos, ni del horror que se refleja en sus momificados rostros. Un horror y un dolor que no descansan y que han quedado tal y como han quedado ellos: retenidos en el tiempo.

Para conocer más: Más Allá De La Visión

lunes, agosto 17

Yusef Antoun Mahklouf (San Charbel)

Yusef Antoun Mahklouf (conocido posteriormente como San Charbel), nació en el pueblo de Beqakafra, a 140km. del Líbano, capital libanesa, el 8 de mayo, de 1828.

Hijo de padres campesinos y humildes, siente ya desde pequeño una inclinación hacia lo místico y seglar, siendo ordenado sacerdote en 1859.
Realizó una vida monástica en el monasterio de San Marón de Annaya, llevando una vida ejemplar y obediente tal y como obligaba la orden, y dedicándose por entero al cuidado de enfermos y necesitados. Decía que en muchas ocasiones le hablaba Dios.

Su vida ejemplar dejó de existir el 24 de Diciembre 1898, cuando contaba setenta años de edad. Charbel Makhlouf fue enterrado el cementerio del convento, pero un año después, a causa de lluvias torrenciales que provocaron un enorme barrizal, fue necesario rescatar el ataúd que quedó medio al descubierto, para trasladarlo al un sitio menos expuesto.
Preocupados por el daño que la intemperie hubiera podido provocar en el féretro, se pensó que lo mejor era trasladar el cadáver a uno nuevo. La sorpresa fue inmensa pues el cuerpo no solamente estaba incorrupto, sino fresco y flexible en sus miembros, como el de un durmiente.

Los frailes entonces lo depositaron de nuevo en el féretro y, dejándolo al descubierto, lo expusieron a la piedad de los devotos, donde pudo constatarse otra inquietante singularidad: el cadáver transpiraba.
Lamentablemente no se tuvo mucho cuidado, y en los veintiocho años que el cuerpo quedó visible y accesible a curiosos y devotos, su rostro padeció el asalto de los maniáticos que quisieron llevarse reliquias, hasta que en 1927 se decidió que había que volver a depositarlo entre los muertos.

Encerrado en un ataúd nuevo de cedro forrado de plomo, el cadáver del padre Charbel fue colocado en un nicho abierto en una de las paredes de la cripta de la iglesia Annaya, y su sepulcro fue sellado con fecha 24 de junio de 1927.

Veintitrés años más tarde, ya en 1950, un fraile descubrió asombrado que esa pared rezumaba una cerosa humedad. Puso sus dedos y los retiró de inmediato: estaban cubiertos de sangre. Lo que él pensó que era humedad se trataba en realidad de sangre.
Una vez más se procedió a exhumar el cadáver y éste apareció igual que en 1927. Esta vez estuvieron presentes en el acto del desentierro una comisión eclesiástica y una delegación científica. Durante dos años esta delegación estuvo estudiando el caso y éste fue el informe emitido en 1952:

“La delegación médica y científica no puede dejar de constatar la evidencia de los hechos, su carácter excepcional y la ausencia de toda intervención humana. Nunca se procedió, ni en el pasado ni ahora, a embalsamar el cuerpo del monje”.

Nuevo féretro y tercera exhumación. El siete de agosto de 1956 se quiso llevar en gran secreta una última averiguación y se volvió a abrir el ataúd: las paredes externas de éste estaban salpicadas de sangre, y cuando se levantó la tapa, el cadáver estaba igual que en 1927 y flotando en el líquido que había estado segregando. Únicamente sus ropas se habían podrido, pero las carnes cedían elásticamente bajo la presión de los dedos como si se tratara de un ser viviente, y las articulaciones seguían flexibles.

Seguramente si se volviera a hacer dentro de 150 años, éste se encontraría igual que siempre.

sábado, julio 4

Las Momias De Los Amantes De Teruel

(Fotografía de las momias de Los Amantes de 1868)

En el año 1555, cuando se realizaban unas obras en la capilla de San Cosme y San Damián de la Iglesia de San Pedro en Teruel, dos cuerpos que descansaban una sepultura en dicha capilla, aparecieron inexplicablemente momificados. Junto a ellos un documento que testimoniaba los sucesos que dieron lugar a la historia y muerte de ambos.

“En la ciudad de Teruel, a principios del siglo XIII, Juan Diego de Marcilla e Isabel de Segura dos jóvenes que se amaban desde que eran niños, fueron protagonistas de unos acontecimientos que quedaron grabados en la historia. Dado el intenso amor que ambos se profesaban, Diego la pidió en matrimonio.
Sin embargo y debido a las rencillas que padecían ambas familias, ya por rivalidad nobiliaria, ya por razones ideológicas religiosas en tiempos de conflictos judíos, el padre de Isabel se opuso enérgicamente al enlace, si bien dio la opción al pretendiente de que buscase fortuna, y en caso de conseguirla en un plazo de cinco años, daría su consentimiento al matrimonio.

Y Juan Diego de Marcilla partió a las Cruzadas tras la fortuna que lo llevaría a los brazos de su amada Isabel.

Pero mientras el joven batallaba contra el infiel, el padre de Isabel se enfrascó en la hacienda de buscar un marido conveniente para ella, hacienda que consiguió encontrando como pretendiente al potentado hermana del Señor de Albarracín, celebrándose el enlace en 1217, el mismo día en que Juan Diego regresaba de las Cruzadas.

Desalentado ante la noticia, Diego consiguió reunirse con Isabel y suplicarle un beso, al que ella se negó considerando el deber y respeto hacia su marido. Esta negación dio de lleno en el corazón del desengañado enamorado y como fulminado por un rayo, cayó inerte al suelo. Sus funerales se realizaron al día siguiente.
Isabel, desconsolada ante los acontecimientos y rota por la muerte de quién aún seguía amando, quiso regalarle el beso que antes le había negado y posó sus labios en los ya pétreos de su amor. En el mismo instante en que sus labios se unieron ella quedo desvanecida sobre el cadáver. Había muerto.

Los familiares, rendidos ante tal acontecimiento, realizaron el mismo día los funerales de ambos y fueron enterrados juntos.

El juez de Teruel, don Domingo Celada, testimonió los hechos por escrito y sepultó el documento junto a los amantes.”


Las momias, una vez descubiertas, fueron expuestas y permanecieron visibles hasta el año 1578 en que por orden del obispo de Teruel, fueron de nuevo devueltas a la sepultura.

El notario Yagüe de Salas, conocedor de la historia, ordena en 1619 un nuevo desenterramiento de las mismas y da fe de ello en un Protocolo Notarial. Desde esta fecha hasta 1675, vuelven a estar expuestas al público en la misma iglesia.

Posteriormente fueron guardadas en un dispensario fuera del recinto sagrado, donde permanecieron hasta principios del siglo XVIII, fecha en la que fueron trasladadas a un mísero panteón situado en un claustro anejo a la iglesia. Allí podían ser visitados por los viajeros que acudían incitados por la leyenda que sobre ellos se había creado.

Sobre la mitad de la misma centuria, se colocaron en una urna más apropiada y colocadas en el claustro de la iglesia, donde permanecieron hasta el 27 de mayo de 1902, para ser trasladardas a la capilla en la que han descansado hasta su ubicación actual.
(Las momias en 1900)

En 1955 el escultor Juan de Avalos realiza un mausoleo para que los amantes descasaran definitivamente y en paz por el resto de los tiempos.
En el año 2005 se hicieron públicos los resultados de unos análisis hechos a las momias tras la recogida de siete muestras de tejido muscular y piel de las mismas.
Las muestras fueron recogidas por miembros del equipo de Atapuerca y analizadas por la Universidad complutense de Madrid, el Instituto Carlos III de Madrid y el Instituto de Evolución y Comportamiento Humano. Todas ellas se realizaron con la técnica del carbono-14 en laboratorios de Miami (EEUU).
Los resultados arrojan los siguientes datos:

Los restos analizados pertenecen a un hombre y una mujer y se datan a principios del siglo XIV, uno después de lo que figura en la data encontrada en la época de su descubrimiento.
El cuerpo de la mujer se encuentra en peor estado que el del hombre, pues su piel ha sido restaurada en varias ocasiones.


El cuerpo momificado que se atribuye a Diego de Marcilla, el amante de Teruel, puede ser visto en la Iglesia de San Pedro de la localidad. Desde 1954 la momia permanece guardada en una urna de hierro y cristal, dentro de un sarcófago de alabastro, tallado por el escultor Juan de Avalos. La limpieza de los sarcófagos de los amantes ha permitido ver el estado actual de los cuerpos.

Foto:
EFE/Paco Montero - Noticias Ya.com





Los Amantes de Teruel puede o no puede que hayan existido; la historia forjada en torno a ellos puede ser realidad o leyenda, pero lo que es innegable, es que están Retenidos en el Tiempo.

Fuente de datos:
*Turismo de Teruel
*
Lucor.com

miércoles, junio 17

El Hombre De Sal

El Hombre de Sal vivió aproximadamente sobre el año 300 d.C., bajo la dinastía Partia en el Imperio Persa. En el momento de su muerte, ocurrida entre el 247 y el 265 d.C. lucía barba y pelo largo, pantalones de lana, botas de cuero y un pendiente de oro en la oreja izquierda, lo cual indica que posiblemente se trataba de un personaje de alto rango. Poco antes de morir recibió un fuerte golpe cerca del ojo que le provocó fracturas y diversos daños.
Fue enterrado en un túnel de aproximadamente 45 metros de eslora de la mina de sal de Cheharabad, en la provincia de Zajan, en Irán, Asia.

Casi 1.700 años después (1993) fue su cuerpo fue encontrado por unos trabajadores de la mina en perfecto estado de conservación. Las condiciones de salinidad, impidieron actuar a los micro-organismos consiguiendo así preservar de manera natural los materiales orgánicos e inorgánicos del enterramiento, y conservando casi intactos sus órganos vitales, así como el pelo y las huellas dactilares.
Junto a él se encontraron diversas herramientas, tres cuchillos, una honda, algunas nueces, una aguja de plata, un arnés, trozos de cuerda de cuero, y algunos fragmentos de cerámica.


Sus restos, una vez descubiertos fueron sometidos a Exámenes de C14 y ADN, tomografías e imágenes computarizadas, realizados por la Oxford University Radiocarbon Accelerator Unit, cuyos resultados dieron los datos anteriormente detallados.
Sin embargo su presencia y muerte en la mina de sal es aún una incógnita.


La cabeza y el pie izquierdo del Hombre de Sal se encuentran actualmente en exhibición en una vitrina en el Museo Nacional de Irán en Teherán.

Posteriormente serían descubiertos otros cinco cuerpos más en la misma mina.


(La cuarta momia encontrada en la sal)

domingo, mayo 24

El Niño De Cerro El Plomo

Aún a pesar de que el niño de ocho años había pasado la noche con fiebres altas y diarreas, debido al parásito Trichinella que habitaba en su cuerpo, y que le había provocado la triquinosis, fue despertado al alba a fin de proceder a prepararlo para lo que había sido elegido: el sacrificio. Aún tenía fiebre y sufría grandes calambres y dolores por la enfermedad; para aliviarlo le dieron a mascar hojas de coca.

Lo vistieron con una túnica cora de color negro, hecha con finísimas telas de alpaca y vicuña, con trozos de piel y flecos de lana y lo cubrieron con una manta gris con listas rojas y azul-verdosas. Calzaron sus pies con mocasines de cuero bordados en las orillas, colocaron brazaletes de cobre en sus manos y peinaron su larga cabellera en más de doscientas trenzas, colocando sobra cada una de ellas un cintillo de color negro del cual colgaban hilos de lana negra. Sobre su frente lucía una diadema en forma de dos medialunas y adornaron su cabeza con un tocado de plumas. El se dejaba hacer.


Poco antes de emprender el largo camino hacia el lugar del sacrificio, pintaron su cara con pigmentos rojos y amarillos y le hicieron entrega de dos bolsas, una de lana y otra de plumas, para llevar las hojas de coca. Igualmente le dieron otra de cuero conteniendo lana roja, trozos de uñas y restos de pelo, recuerdos de los ritos del pasaje de una edad a otra, (costumbres andinas), una figurita de oro, otra de plata y una concha probablemente traída del trópico.


Y así, ricamente ataviado con esta indumentaria, emprendió junto a la comitiva el ascenso hacia lo alto de la montaña, hasta llegar al santuario.

Durante el camino fue tratado con mimo, pero aún así, seguramente debido a sus calenturas, sufría escalofríos y temblores. Las plantas de sus pies se iban llenando de llagas, ya fuera por la agresividad del suelo, o por el calzado poco adecuado para ello que llevaba. Cuando el final del camino estaba próximo, le dieron a beber una especie de brebaje con contenido alcohólico y narcótico procedente de hierbas, con el fin de adormecerlo y hacerle más llevadera su salida de este mundo.

El santuario estaba ubicado a una altitud de 5.200 metros, lugar conocido como Cerro Plomo, una de las cumbres más altas de la cordillera de Los Andes, niño fue depositado en una oquedad excavada en el gélido lugar denominada enterratorio, y posteriormente cubierto con lajas. Cercano a él, fue enterrada una estatuilla femenina hecha en plata y vestida con una larga falda, amarrada con una faja a la cintura, con una manta en la espalda, un gran tocado de plumas de aves selváticas en la cabeza, y con adornos y bolsas a la manera del muchacho.

Después de hecho todo esto, la comitiva retomó el camino de regreso y el quedó sólo. Aunque narcotizado, en el fondo de él brillaba una luz de conciencia que le hacía sabedor de que eran sus últimos momentos de vida. . La oscuridad de su nicho aumentó su temblor y su miedo. Se acurrucó de modo fetal, a fin de protegerse y de combatir el frío y cerró los ojos. Su cuerpo fue bajando de temperatura y la hipotermia le provocó sopor y la muerte.

En los últimos instantes de vida vomitó y defecó sobre sí mismo. Así terminó su corta existencia.

(El Niño de Cerro El Plomo en su urna)

En esta misma posición fue descubierto el día 1 de Febrero de 1954, quinientos años después por dos arrieros buscadores de minas. Ni su cuerpo ni su indumentaria habían sufrido cambio alguno a través del tiempo.

Análisis posteriores revelaron que el niño no fue ni agredido ni torturado antes de su sacrificio, que gozó de excelente salud en vida, independientemente de la triquinosis que contrajo, y que se alimentaba de vegetales y carne, probablemente de cerdo salvaje, lo que podría habersela originado.

Sus restos liofilizado fueron introducidos en una urna de cristal refrigerada y colocada en el sótano del museo más importante y con tradición de Chile, como una verdadera reliquia que ha conseguido vencer el paso del tiempo. Está alejada del público en general.

(El Imperio Inca mantenía ceremonias de culto en el Santuario de altura del Cerro El plomo al dios Sol (Inti). Dichas ceremonias se realizaban ante ciertos acontecimientos como guerras, muertes o enfermedades de los gobernantes, y durante los solsticios. Según la importancia de la celebración, se hacían sacrificios humanos de hombres y mujeres jóvenes e incluso niños.)

Fuente de Datos:

*"Cielo de Serpientes" - Antonio Gil, 2008 - Editorial Seix Barral/Biblioteca Breve

*Revista chilena de radiologia