La Señora De Cao

lunes 9 de noviembre de 2009


Aunque se barajan varias hipótesis, la muerte de la Señora de Cao, ocurrida hace más de 1700 años sigue siendo una incógnita. Sí se sabe con certeza de que el deceso se produjo cuando contaba entre 20 y 25 años de edad, su estatura era de 1,45m., y aunque algunos apuntan que pudo ser debido a un peligroso o mal afortunado parto (su abdomen aparece dilatado y con cicatrices); otros anotan que aunque estuviera embarazada en el momento de morir, el motivo de la misma pudiera deberse a un estado de crisis en la sociedad moche, dado los cambios que presenta la pirámide en sus estructuras, motivados por lluvias torrenciales que la afectaron gravemente.
También hay quién se decanta por un suicidio o asesinato para calmar a los dioses… hipótesis en fin, que quedan en la incógnita de la realidad, pero lo que sí se sabe con certeza es que se trata de un personaje muy importante en la sociedad mochica del valle de Chicama.

Fue descubierta en el año 2005 en el valle de Chicama, (Perú) en la huaca de Cao Viejo, ubicada en el Complejo Arqueológico de El Brujo, que se levanta en el distrito de Magdalena de Cao, en el departamento de La Libertad, en el lugar mismo de su enterramiento en el interior de su pirámide funeraria, por el arqueólogo Régulo Franco de la fundación Augusto N. Wiese, y su descubrimiento confirma algunas de las teorías acerca de esta antigua sociedad preínca las cuales se basan en que la mujer ejerció el poder político y religioso en el valle de Chicama.


El fardo encontrado guardaba dentro de un cuerpo en perfecto estado de conservación, según los investigadores, debido a que el nivel intermedio en el que estaba enterrado, lo mantuvo alejado de la superficie y protegido así de la humedad de las lluvias.

Igualmente se encontró un bello e importante ajuar de collares de oro y plata que simbolizan poderes mágicos, narigueras, pendientes y báculos que representan el poder de gobernante y una condición semidivina.

Los análisis efectuados dieron como resultado que el cadáver fue tratado con un mineral llamado cinabrio o sulfato de mercurio, un metal rojizo usado desde tiempos remotos por los antiguos peruanos y otras culturas con fines ceremoniales relacionados con la muerte. Esta sustancia era utilizada por aquellos que temían que las personas muertas regresaran a la vida, y actuaba como un repelente y veneno para las bacterias que podrían haber deteriorado el cuerpo. Igualmente algunas de las telas y metales con las que fue enterrada la Señora de Cao también fueron impregnadas de este mineral.
Su rostro fue cubierto con un paño de algodón y protegido con un recipiente de cobre dorado, y sobre el pecho descansaba un plato del mismo metal.


El cuerpo también presentaba tatuajes de serpientes y arañas en los antebrazos, los tobillos y los dedos de los pies, animales que en la simbología andina, están vinculados con la fertilidad de la tierra. Todo esto apunta a que la mujer enterrada realizaba las labores de chamán o adivina.


Junto a ella fueron encontradas armas de guerra como mazas y lanzas, algo totalmente inusual en el enterramiento de las mujeres.

La Señora de Cao no fue enterrada sola, en sus funerales se habían realizado rituales mágicos no exentos de sacrificios humanos, como así lo demuestran las osamentas halladas en la tumba principal. Se trata de los restos de una adolescente que fue estrangulada y colocada al lado izquierdo del fardo. Al sur de la tumba se encontraron los restos de un individuo, a quien los arqueólogos llaman el guardián de la tumba. Otros tres fardos funerarios ubicados al pie del muro sur forman parte de este entierro, pero estos aún no han sido abiertos. Sin embargo, las radiografías que se les ha tomado revelan que se trata de individuos que poseen diversos ornamentos personales.

En definitiva la señora de Cao se conserva tan "sumamente bien" que en uno de sus vestidos se aprecia el "escupitajo" del enterrador, costumbre esa del salivazo común en ceremonias fúnebres de la cultura Moche.

Fuentes consultadas: National Geographic – Junio 2006

Momias Honshu

jueves 22 de octubre de 2009



Las momias de Honshu, pertenecientes a monjes ascetas, comenzaron a producirse a lo largo de toda la región de las montañas sagradas en Yamagata central, en Japón, hace más de mil años, en el interior de unos templos sin resguardo ni protección ambiental.


El primer caso de momificación data del año 1081 y el último de 1903.

La peculiaridad de estas momias, llamadas también Momias Sokushinbutsu o Momias Vivientes, consiste
en que la momificación comenzaba a producirse en vida, durante un voluntario y doloroso proceso de largos y penosos años, que podía durar diez. Su finalidad era llegar a convertirse en buda estando vivo (Sokushinbutsu) con objeto de encontrar el nirvana.

Fueron un gran número, a lo largo de todos los años transcurridos, los monjes que se sometieron al proceso de momificación en vida, aunque la gran mayoría no llegó a conseguirlo.
En la actualidad se conservan un total de veintiocho, un gran número de las cuales se encuentran en los templos del norte de Honshu, y pueden ser vistas.

El proceso comenzaba realizando el monje durante mil días una dieta drástica y muy escasa, con objeto de reducir la grasa corporal a base de cantidades pequeñas de frutos secos y harina, recolectados por él mismo en el bosque que habitaba. Al reducir al límite el nivel de grasa en vida, una vez producida la muerte se evitaba la descomposición.
El agua que bebía y con la que también confeccionaba el té, procedía de las fuentes de la montaña, y era un agua reservada solamente para los monjes que buscaban la momificación.

Estudios recientes han desvelado que el agua de dichas fuentes contienen unos altos niveles de arsénico, potente veneno que provoca la muerte de las células del cuerpo, además de ser un fuerte preservante, lo cual contribuía a la conservación del cuerpo.


Llegan entonces otros mil días en los que la dieta se hacía más estricta aún. La alimentación se realizaba a base de raíces y cortezas de pino, faltando del organismo prácticamente casi toda el agua y la grasa corporal. En esta etapa el monje se entrega fervientemente a la oración y toma el té preparado con la savia de un árbol venenoso llamado urushi, que lo hacen sudar, vomitar y orinar continuamente, reduciendo aún más sus efluvios corporales.
La toma de este té venenoso es crucial para el proceso, dado que el veneno, al pasar a la piel, se concentra en el cuerpo, protegiéndolo así contra los gusanos e insectos que acudirían después de su muerte.
En esta etapa su experiencia física de apariencia esquelética, casi totalmente deshidratado y nulo de grasa corporal.

El último periodo del proceso lo vive el monje entra grandes dolores provocados por el veneno del té.
Entonces construye él mismo un refugio subterráneo a unos tres metros bajo el suelo, donde coloca un ataúd de madera, que también ha fabricado, y en el cual se coloca en posición de loto, cubriéndose casi totalmente, y respirando a través de un tubo de bambú.
Continúa con sus meditaciones y la drástica dieta de raíces y cortezas de pino y guarda en su poder una campana que hace sonar una vez al día, comunicando así a los otros monjes que aún sigue vivo.



Cuando la campana se silencia, señal de que se ha producido la muerte, se realiza el enterramiento completo, volviéndose a desenterrar pasados otros mil días.
Este desenterramiento mostrará si el largo tiempo de dolor y sacrificio realizado por el monje dieron el resultado requerido y su cuerpo se ha momificado. En caso de positivismo, quedara momificado de manera natural permanentemente, considerándose al monje una momia viviente.

Este tipo de prácticas pues prohibida por el gobierno japonés a finales del siglo XIX.

Recordatorios Mortuorios, Oración Para La Eternidad

jueves 15 de octubre de 2009

 
1810
Un recordatorio mortuorio no tiene la finalidad de recordar al difunto, sino a su muerte.

 Niño muerto en Bégica
Realizado sobre grueso cartón pretendiendo que perdurase, ha llegado a mantenerse casi durante dos siglos.

Utilizando como imagen el retrato mortuorio, se adornaba con orlas y coronas fúnebres, lemas de duelo, con las que se coronaba el marco del retrato del difunto reflejada en el anverso.
En el reverso constaba la imagen de una tumba, y una esquela inscrita que especificaba la edad del finado y la fecha en la que se produjo la muerte, acompañada de una oración o jaculatoria, que prometía cierto número de indulgencias cada vez que se rezara, y así el alma que había abandonado el cuerpo, tenía más oportunidades de alcanzar la gloria, en caso de que estuviese en el purgatorio.

 Tarjeta Mortuoria Alemana Familia Aurich-1914








Este recordatorio mortuorio, además de alcanzar el modo de retener una última imagen del ser querido y perdido y conservar siempre su recuerdo, adquirió también la misión de actuar como portavoz de la trágica noticia a familiares, parientes lejanos y amigos que vivían a cierta distancia.


A través del correo, (el único medio de comunicación que existía), se les hacía llegar lo que se denominó Esquela Mortuoria o Recordatorio.


Posteriormente, y ya casi en desuso la fotografía post mortem, en las esquelas mortuorias comenzó a usarse un retrato del finado en vida. Esta nueva moda tuvo su mayor auge durante la primera guerra mundial, y las posteriores, dando al desaparecido un aura de heroicidad y valentía, al morir en un acto heroico.

La Marquesa Xin Zhui

miércoles 7 de octubre de 2009


Xin Zhui sentía que le pesaba la vida, que su salud se hacía cada vez más debilitada deteriorándose por momentos, y que sus cincuenta años le estaban pasando factura.

La obesidad adquirida en los últimos tiempos a casa de una inapropiada y abundante alimentación, la habían perjudicado notoriamente causándole fuertes dolores de espalda. Sus arterías se habían obstruido provocándole dolencias cardiovasculares y dañando gravemente su corazón, También sus vías biliares, taponadas por cálculos, le causaban grandes dolores y molestas digestiones, agravadas además por los parásitos que habitaban en sus intestinos, entre ellos las perjudiciales tenias.

 Quedaban lejos los años en los que la vida le sonreía sobremanera junto a su esposo, marqués y gobernador del feudo imperial Han de Dai en la época de la Dinastía de los Han Occidentales, y a su hijo; una vida colmada de lujos y de riquezas, en la que disfrutaba de de alimentos exóticos, finos tejidos y un valioso mobiliario de las mejores lacas y maderas.
Sofisticados maquillajes acrecentaban su belleza, y como mujer culta, no faltaban en su estancia libros escritos por los más sabios, en particular los medicinales.

La muerte de su marido y de su hijo la sumieron tal vez en un camino sin retorno que la empujó a reunirse con ellos.

El día que la vida decidió que sería el último para ella, tomo una gran cantidad de alimentos, como últimamente era habitual en ella, (entre los cuales se encontraba el melón). Tras la ingesta, sus vías biliares se obstruyeron completamente causándole un dolor agudo, que precipitaron un ataque al corazón que le produjo la muerte, Esto ocurrió entre el 190-168 a.C.

Su cadáver, tal y como correspondía a su rango, fue envuelto en veinte capas de lujosas telas y fijadas por cuatro cinturones, asfixiando así a las bacterias que normalmente devoran el cuerpo poco después de la muerte.
El cuerpo fue introducido dentro de cuatro ataúdes y colocado en una cámara funeraria de madera que actuaba como refrigerador natural.
Junto a ella se depositaron vajillas de laca exquisita, alimentos exóticos y telas de finos tejidos, hierbas medicinales e instrumentos musicales, para allanaran así su camino hacia la inmortalidad.

Sobre la cámara mortuoria se depositaron cinco toneladas de carbón de leña, así como barro y tierra para asegurar que la tumba quedara sellada eternamente, muy cercana a donde descansaban los restos de su esposo y su hijo, en un lugar situado en Wulibei a unos kilómetros al este de Changsa en la provincia de Hunan.

Y permanentemente estuvo sellada hasta que a principio de la década de 1970, fue descubierta por un equipo de arqueólogos que realizaba excavaciones en dicho lugar.

Bautizada con el nombre de Lady Dai, el posterior análisis de sus restos fue motivo de asombro por parte de los especialistas que lo realizaron.
Aún a pesar de haber transcurridos casi dos mil años desde su defunción, el cuerpo presentaba una piel suave y los miembros tan flexibles, que podían ser manipulados fácilmente. Tenía el pelo intacto y conservaba perfectamente todos sus órganos internos, lo mismo que los restos de la sangre en sus venas, catalogada al grupo A. En su estómago descubrieron abundantes semillas del melón, que había ingerido en su última comida.


A consecuencia de este buen estado de conservación que presentaba, se pudo hacer del mismo una verdadera autopsia, por la cual se pudo conocer la edad y el motivo de su fallecimiento, así como las enfermedades que la noble dama padeció en vida.

Reconstrucción de como Lady Dai pudo ser en vida
Si bien todo esto sorprendió a los científicos, aún lo fue más el descubrir que el cuerpo había sido inmerso en un líquido rojizo y desconocido del que aún conservaba huellas. Pruebas realizadas a este brebaje, puso de manifiesto que se trataba de una sustancia ligeramente ácida, y que en ella estaban presentes ingredientes como magnesio y sal, así como otros que ha sido imposible catalogar.

El resultado total de los análisis determinó que el cuerpo fue embalsamado después de morir, por un método distinto a que utilizaban los egipcios y cuyo proceso es hasta el momento una incógnita,
aunque se cree que en todo ello jugó un papel determinante el extraño brebaje en el fue sumergido. Pero nada se puede afirmar con certeza.

Queda por tanto, en torno a la Marquesa Lady Dai, un verdadero misterio, que tal vez en un futuro y con los avances de la ciencia, pueda ser desvelado.

Las Momias De Llerena

domingo 30 de agosto de 2009

Las momias de Llerena fueron descubiertas en el año 1964 durante los trabajos de restauración en la plaza y en el interior de la iglesia de la Virgen de la Granada, en la localidad de Llerena (Badajoz).

Al derribar un muro intentando encontrar los restos de la antigua fortificación alminar, los trabajadores se toparon con una puerta que a duras penas consiguieron abrir. Tras ella les esperaban más de dos mil cadáveres y restos de otros tantos (posteriormente llegarían a pasar los seis millares), algunos de los cuales se encontraban momificados.

Las extrañas posiciones de los restos, y las tremendas expresiones de horror que reflejaban los mismos dejaron asombrados a sus descubridores. A todas luces se intuía que allí se había producido un emparedamiento colectivo.
Se habló de víctimas de la Inquisición o de la Guerra Civil, y por motivos que se desconocen el muro fue otra vez tapiado, quedando nuevamente los restos de los cuerpos encerrados y olvidados en su prisión permanente.

Quince años después, en 1979, la Dirección General de Bellas Artes emprendió la tarea de recuperar el Patrimonio Histórico y Llerena no podía ser menos.

Se emprendieron los trabajos y como ocurrió en el año 1964, al llegarle el turno a la Iglesia de la Virgen de La Granada, fueron reencontrados los restos ocultos, junto con objetos de la época que habían pertenecido a los mismos, tales como rosarios, botones, monedas, hebillas de zapatos y cruces entre otros.

Con el apoyo del Ministerio de cultura se procedió al estudio y la clasificación de los miles de cuerpos, cuyo estudio fue llevado a cabo por los departamentos de Antropología de las universidades de Extremadura, Madrid, Barcelona y Sevilla.
El resultado del mismo fue aterrador: Se trataba de restos anteriores al siglo XVII, algunos de los cuales presentaban fracturas ocasionadas presumiblemente por violentos golpes, cráneos aplastados. El rictus de horror en sus rostros era clara evidencia de muertes marcadas por la tortura y el sufrimiento.

Dado que junto a ellos fueron igualmente encontrados instrumentos de torturas de la época (alguno de los esqueletos conservaban un objeto de tortura rodeándole el cuello), se relacionó el genocidio con la Inquisición Española, durante la cual Llerena fue una importante sede en el siglo XVI, y en cuya plaza se celebraban autos de fe.

Otras investigaciones realizadas revelaron que las momias que se conservaban habían sufrido un proceso de saponificación, lo cual revela que habían sido, tal y como se apuntó en los primeros momentos de su descubrimiento, a un emparedamiento colectivo.

Este tipo de enterramiento en vida, provoca un proceso mediante el cual la grasa corporal se transforma químicamente en una masa de color gris y de tacto granuloso y compacto, dando lugar en los restos a un extraño color grisáceo, síntomas que presentan los cuerpos descubiertos.

Sin embargo, los análisis efectuados a algunos de los restos determinaban que se trataba de restos de otras épocas, dejando así la incógnita del enterramiento masivo en un lugar en el que en la época en que se produjo contaba con una comunidad ínfima de habitantes.

A pesar de que los investigadores siguen trabajando sobre este descubrimiento tratando de esclarecer las dudas que presenta el mismo, no hay ninguna sobre la terrible muerte que tuvieron los mismos, ni del horror que se refleja en sus momificados rostros. Un horror y un dolor que no descansan y que han quedado tal y como han quedado ellos: retenidos en el tiempo.

Para conocer más: Más Allá De La Visión

Yusef Antoun Mahklouf (San Charbel)

lunes 17 de agosto de 2009

Yusef Antoun Mahklouf (conocido posteriormente como San Charbel), nació en el pueblo de Beqakafra, a 140km. del Líbano, capital libanesa, el 8 de mayo, de 1828.

Hijo de padres campesinos y humildes, siente ya desde pequeño una inclinación hacia lo místico y seglar, siendo ordenado sacerdote en 1859.
Realizó una vida monástica en el monasterio de San Marón de Annaya, llevando una vida ejemplar y obediente tal y como obligaba la orden, y dedicándose por entero al cuidado de enfermos y necesitados. Decía que en muchas ocasiones le hablaba Dios.

Su vida ejemplar dejó de existir el 24 de Diciembre 1898, cuando contaba setenta años de edad. Charbel Makhlouf fue enterrado el cementerio del convento, pero un año después, a causa de lluvias torrenciales que provocaron un enorme barrizal, fue necesario rescatar el ataúd que quedó medio al descubierto, para trasladarlo al un sitio menos expuesto.
Preocupados por el daño que la intemperie hubiera podido provocar en el féretro, se pensó que lo mejor era trasladar el cadáver a uno nuevo. La sorpresa fue inmensa pues el cuerpo no solamente estaba incorrupto, sino fresco y flexible en sus miembros, como el de un durmiente.

Los frailes entonces lo depositaron de nuevo en el féretro y, dejándolo al descubierto, lo expusieron a la piedad de los devotos, donde pudo constatarse otra inquietante singularidad: el cadáver transpiraba.
Lamentablemente no se tuvo mucho cuidado, y en los veintiocho años que el cuerpo quedó visible y accesible a curiosos y devotos, su rostro padeció el asalto de los maniáticos que quisieron llevarse reliquias, hasta que en 1927 se decidió que había que volver a depositarlo entre los muertos.

Encerrado en un ataúd nuevo de cedro forrado de plomo, el cadáver del padre Charbel fue colocado en un nicho abierto en una de las paredes de la cripta de la iglesia Annaya, y su sepulcro fue sellado con fecha 24 de junio de 1927.

Veintitrés años más tarde, ya en 1950, un fraile descubrió asombrado que esa pared rezumaba una cerosa humedad. Puso sus dedos y los retiró de inmediato: estaban cubiertos de sangre. Lo que él pensó que era humedad se trataba en realidad de sangre.
Una vez más se procedió a exhumar el cadáver y éste apareció igual que en 1927. Esta vez estuvieron presentes en el acto del desentierro una comisión eclesiástica y una delegación científica. Durante dos años esta delegación estuvo estudiando el caso y éste fue el informe emitido en 1952:

“La delegación médica y científica no puede dejar de constatar la evidencia de los hechos, su carácter excepcional y la ausencia de toda intervención humana. Nunca se procedió, ni en el pasado ni ahora, a embalsamar el cuerpo del monje”.

Nuevo féretro y tercera exhumación. El siete de agosto de 1956 se quiso llevar en gran secreta una última averiguación y se volvió a abrir el ataúd: las paredes externas de éste estaban salpicadas de sangre, y cuando se levantó la tapa, el cadáver estaba igual que en 1927 y flotando en el líquido que había estado segregando. Únicamente sus ropas se habían podrido, pero las carnes cedían elásticamente bajo la presión de los dedos como si se tratara de un ser viviente, y las articulaciones seguían flexibles.

Seguramente si se volviera a hacer dentro de 150 años, éste se encontraría igual que siempre.

Las Momias De Los Amantes De Teruel

sábado 4 de julio de 2009

(Fotografía de las momias de Los Amantes de 1868)

En el año 1555, cuando se realizaban unas obras en la capilla de San Cosme y San Damián de la Iglesia de San Pedro en Teruel, dos cuerpos que descansaban una sepultura en dicha capilla, aparecieron inexplicablemente momificados. Junto a ellos un documento que testimoniaba los sucesos que dieron lugar a la historia y muerte de ambos.

“En la ciudad de Teruel, a principios del siglo XIII, Juan Diego de Marcilla e Isabel de Segura dos jóvenes que se amaban desde que eran niños, fueron protagonistas de unos acontecimientos que quedaron grabados en la historia. Dado el intenso amor que ambos se profesaban, Diego la pidió en matrimonio.
Sin embargo y debido a las rencillas que padecían ambas familias, ya por rivalidad nobiliaria, ya por razones ideológicas religiosas en tiempos de conflictos judíos, el padre de Isabel se opuso enérgicamente al enlace, si bien dio la opción al pretendiente de que buscase fortuna, y en caso de conseguirla en un plazo de cinco años, daría su consentimiento al matrimonio.

Y Juan Diego de Marcilla partió a las Cruzadas tras la fortuna que lo llevaría a los brazos de su amada Isabel.

Pero mientras el joven batallaba contra el infiel, el padre de Isabel se enfrascó en la hacienda de buscar un marido conveniente para ella, hacienda que consiguió encontrando como pretendiente al potentado hermana del Señor de Albarracín, celebrándose el enlace en 1217, el mismo día en que Juan Diego regresaba de las Cruzadas.

Desalentado ante la noticia, Diego consiguió reunirse con Isabel y suplicarle un beso, al que ella se negó considerando el deber y respeto hacia su marido. Esta negación dio de lleno en el corazón del desengañado enamorado y como fulminado por un rayo, cayó inerte al suelo. Sus funerales se realizaron al día siguiente.
Isabel, desconsolada ante los acontecimientos y rota por la muerte de quién aún seguía amando, quiso regalarle el beso que antes le había negado y posó sus labios en los ya pétreos de su amor. En el mismo instante en que sus labios se unieron ella quedo desvanecida sobre el cadáver. Había muerto.

Los familiares, rendidos ante tal acontecimiento, realizaron el mismo día los funerales de ambos y fueron enterrados juntos.

El juez de Teruel, don Domingo Celada, testimonió los hechos por escrito y sepultó el documento junto a los amantes.”


Las momias, una vez descubiertas, fueron expuestas y permanecieron visibles hasta el año 1578 en que por orden del obispo de Teruel, fueron de nuevo devueltas a la sepultura.

El notario Yagüe de Salas, conocedor de la historia, ordena en 1619 un nuevo desenterramiento de las mismas y da fe de ello en un Protocolo Notarial. Desde esta fecha hasta 1675, vuelven a estar expuestas al público en la misma iglesia.

Posteriormente fueron guardadas en un dispensario fuera del recinto sagrado, donde permanecieron hasta principios del siglo XVIII, fecha en la que fueron trasladadas a un mísero panteón situado en un claustro anejo a la iglesia. Allí podían ser visitados por los viajeros que acudían incitados por la leyenda que sobre ellos se había creado.

Sobre la mitad de la misma centuria, se colocaron en una urna más apropiada y colocadas en el claustro de la iglesia, donde permanecieron hasta el 27 de mayo de 1902, para ser trasladardas a la capilla en la que han descansado hasta su ubicación actual.
(Las momias en 1900)

En 1955 el escultor Juan de Avalos realiza un mausoleo para que los amantes descasaran definitivamente y en paz por el resto de los tiempos.
En el año 2005 se hicieron públicos los resultados de unos análisis hechos a las momias tras la recogida de siete muestras de tejido muscular y piel de las mismas.
Las muestras fueron recogidas por miembros del equipo de Atapuerca y analizadas por la Universidad complutense de Madrid, el Instituto Carlos III de Madrid y el Instituto de Evolución y Comportamiento Humano. Todas ellas se realizaron con la técnica del carbono-14 en laboratorios de Miami (EEUU).
Los resultados arrojan los siguientes datos:

Los restos analizados pertenecen a un hombre y una mujer y se datan a principios del siglo XIV, uno después de lo que figura en la data encontrada en la época de su descubrimiento.
El cuerpo de la mujer se encuentra en peor estado que el del hombre, pues su piel ha sido restaurada en varias ocasiones.


El cuerpo momificado que se atribuye a Diego de Marcilla, el amante de Teruel, puede ser visto en la Iglesia de San Pedro de la localidad. Desde 1954 la momia permanece guardada en una urna de hierro y cristal, dentro de un sarcófago de alabastro, tallado por el escultor Juan de Avalos. La limpieza de los sarcófagos de los amantes ha permitido ver el estado actual de los cuerpos.

Foto:
EFE/Paco Montero - Noticias Ya.com





Los Amantes de Teruel puede o no puede que hayan existido; la historia forjada en torno a ellos puede ser realidad o leyenda, pero lo que es innegable, es que están Retenidos en el Tiempo.

Fuente de datos:
*Turismo de Teruel
*
Lucor.com

 
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