martes, enero 5

La Mujer De Huldremose



Sintiendo como su cuerpo ardía de dolor, La Mujer de Huldremose intuyó con pavor cual iba a ser su final. La última comida que ingirió, a base de semillas y carne animal, pugnaba en oleadas por salir de su cuerpo, tal era la descomposición que le producía el dolor y el terror ante lo que estaba por llegar

Ella, a sus 40 años y su 1,60 m. de estatura, sabía que su final estaba próximo.
La falda de lana con cuadros, y la capa doble de piel de oveja que la cubría hacían muy poco para eliminar el frío que la dominaba. Sus ropas estaban empapadas en su propia sangre, manada de su hombro, al que le habían sido brutalmente amputado el brazo, y de los numerosos cortes que le habían producido por todos sus miembros.
Tumbada en el suelo, sintiéndose cada vez más débil por la pérdida de sangre, apenas si se dio cuenta de la correa que ponían en su cuello, posiblemente para estrangularla.
Y así, con el sentido casi perdido y la noción de la realidad totalmente nula, fue arrojada al pantano de Gunnelmose, en la pequeña ciudad de Huldremose, en Jutlandia (Dinamarca) para que terminara su vida en las aguas espesas y pantanosas.
Posiblemente el limo penetró pronto por su boca moribunda, haciéndole así más rápido el trance de la muerte.
La Mujer de Huldremose se hundió por completo, terminando su vida en un violento y sangriento final.
Esto ocurrió en el siglo I A.C., y se cree que la mujer pertenecía a alguno de los pueblos escandinavos, en plena edad de hierro.


Casi tres siglos más tarde, en 1879, un trabajador del la pequeña localidad de Huldremose que se disponía a extraer carbón en una turbera pantanosa en la pequeña península de Djursland, encontró el cuerpo, casi intacto y con las mismas ropas con que la arrojaron al agua, debido a la protección natural que le otorgó el hecho de haber quedo enterrado dentro de una turbera.


La riqueza de sus vestidos crearon la leyenda de que se trataba de la princesa noruega Gunilde, viuda del rey Erik Blodoxe, a la que el rey danés Harald Blotand la habría hecho venir a Dinamarca prometiendo casarse con ella. Por motivos que no revela la leyenda, inmediatamente después de su llegada, el rey danés habría enviado a sus siervos para que la violaran y la ahogaran en un pantano. Como prueba de dicha teoría, se aportó el hecho de su lujoso vestuario, y que el pantano del que fue sacada se llamaba Gunnelmose, lo que se podría interpretar como pantano de Gunilde.
Sin embargo, existe otra teoría muy distinta de la le leyenda: La causa de la muerte sería por desangramiento debido a la amputación del brazo derecho y los cortes por todo el resto del cuerpo, en lo que podría considerarse una ofrenda a alguna deidad de los pantanos.

Al día de hoy las causas exactas se desconocen.

Mientras llega el día de su esclarecimiento, el cuerpo de La Mujer de Huldremose descansa y puede verse, así como una réplica de la ropa que llevaba puesta, en el Museo Nacional de Dinamarca.

Fuente de Datos:
*El Enigma de las momias: Claves históricas del arte de la momificación en las antiguas civilizaciones.
(David E. Sentinella)

sábado, diciembre 26

San Antonino De Florencia


Inscrito y bautizado con el nombre de Antonio, nació en Florencia, Italia, en el año 1389, hijo de un renombrado notario de buena posición económica, que le facilitó una esmerada educación y una vida apacible dentro del seno familiar.

Antonio Pierozzi, hijo único, creció menudo y delgado cambiando por ello su nombre por el de Antonino. Como quiera que la profesión de su padre estaba relacionada con las leyes, era deseo de éste que Antonino estudiara abogacía, cosa que realizó con el resultado de una hoja brillante e impoluta, pero la verdadera vocación de Antonino era la vida religiosa.
Con el consentimiento de sus padres solicitó su ingreso en la orden Dominicana, solicitud que le fue denegada debido a su estatura y delgadez. Pero Antonino no se dio por vencido y volvía a solicitar su ingreso una y otra vez, por lo que el superior de la orden, el Beato Juan Dominici, le impuso como condición el memorizar todo el Derecho Canónico, creyendo, dada la imposibilidad de que lo realizara, que así desistiría de su idea.
Sin embargo Antonino en tan solo unos meses se presentaba ante el superior con el Derecho Canónico íntegramente memorizado, lo que le valió la entrada en la orden, a la que se dedicó en cuerpo y alma, cumpliendo las abstinencias y vigilias y desprendiéndose de todas sus pertenencias terrenales.
Se dedicó al estudio y a la oración, llegando a ser considerado un modelo de perfección.

Hombre sencillo y prudente, dedicó toda su vida a la religión.
Del año 1413, año de su ordenación sacerdotal, al año 1446, ocupó varios cargos en su Orden: Vicario, Visitador, Prior en Fiesole, en Roma, en Nápoles y en Florencia desempeñando, estos cargos con gran caridad y capacidad humana.
Debido a su extraordinaria versatilidad en el campo religioso, jurídico, político y económico, que lo ocupaba diariamente en audiencias a los numerosos visitantes de toda clase que iban a plantearle sus problemas, fue llamado cariñosamente “Antonino de los consejos”.
A él se debe el mérito de haber la Summa moral, definida “la gran enciclopedia sistemática del pensamiento y de la práctica de la vida cristiana”. En todos sus escritos se nota la tendencia a descartar las “doctrinas sublimes” para detenerse solamente en lo que consideraba útil para él y para los demás.



En 1446, cuando quedó vacante la sede episcopal de Florencia, Antonino fue nombrado por el pala Eugenio IV, arzobispo contra su voluntad, según parece por sugerencia del Beato Angélico, que se encontraba en aquel tiempo en Roma realizando una obra de arte encargada por el Papa.
Antonino llegó a asustarse tanto ante el inesperado nombramiento, que huyó a esconderse en Maremma, teniendo el Papa que amenazarle con la excomunión si no aceptaba.
Antonino aceptó, pero siguió viviendo como un monje. Sus únicas posesiones personales eran escasos muebles y una mula.
Las puertas del Palacio Episcopal estaban siempre abiertas para los necesitados, sobre todo para los pobres, que eran recibidos con especial atención.

Durante su periodo de arzobispado, dio muestras de extraordinarias cualidades como pastor, así como de sabiduría y prudencia, entregándose al mismo sin descanso.

Murió el día 2 de mayo de 1459, tras una dura enfermedad. Varios días después de morir, su cuerpo despedía un olor suave, como si aún estuviese en vida. La devoción del pueblo por darle un último adiós era tal, que no pudo ser enterrado hasta ocho días después de su muerte.

Fue canonizado por Adriano VI el 31 de mayo de 1523. Por sus méritos de santidad y escritor insigne se le ha propuesto, igual que a San Raimundo de Peñafort, como Doctor de la Iglesia.

Actualmente se venera en el convento San Marcos de Florencia y se encuentra incorrupto.

miércoles, diciembre 16

El Hombre E, Atrapado En El Terror



El llamado “Hombre E”, debido a la usencia de datos en su sepultura que le asignaran una identidad, careció del derecho de ser enterrado, según las creencias, de forma que pudiera pasar a la otra vida.
Posiblemente víctima de un envenenamiento, el dolor que sufrió en su dura agonía quedó atrapado en su rostro, reflejando en una escalofriante y eterna mueca, el horror que sintió antes de exhalar su último aliento, tal vez por el duro trance de su muerte, tal vez por miedo, al intuir que su espíritu había sido condenado a permanecer en las tinieblas.

El descubrimiento de la momia del “Hombre E”, se produjo en 1881, en la zona del valle de Deir El Bahri, a 300 millas al sur del Cairo, junto Ramsés el Grande, Seti I y Tutmosis III, todos ellos importantes faraones de Egipto. Pero aún a pesar de estar enterrado en una tumba real, la diferencia con ellos, como pudieron comprobar sus analizadores, era abismal y todo su enterramiento en sí estaba envuelto en el misterio.
Algunos años más tarde, en 1886, ante Gastón Maspero, jefe del Servicio de Antigüedades de Egipto, se procede a desenvolver las momias de los 40 reyes y reinas encontrados unos años antes, para los posteriores análisis de las mismas por los investigadores pertinentes.

Entre estas momias se encontraba la del “Hombre E”, y la apertura de su ataúd, así como los resultados de su examen, causó un gran impacto entre los médicos e investigadores que se encargaron de ello.
Cuando lo desempaquetaron, las grasas de su cuerpo, absorbidas por el natrón, emitieron un estallido pútrido. Los vendajes eran de alta calidad. Debajo de las vendas, su piel estuvo cubierta con una capa muy gruesa de natrón, de resina machacada, y de cal viva. Su cuerpo todavía tenía los órganos internos en su lugar. Incluso conservaba sus pendientes del oro.
El rictus que aparecía en su rostro lanzaba un silencioso grito de angustia que permaneció a través del tiempo
Su cuerpo, un varón de unos 20 años, estaba bien conservado, aparecía envueltos en pieles de oveja o cabra, símbolo de impureza en el antiguo Egipto; carecía de los habituales cortes en el bajo abdomen, lo cual indicaba que no se le habían extraído los órganos interno, y bajo los vendajes de pieles, aparecían otros fuertemente atados que habían dejado señales en sus huesos.
Según el médico Daniel Fouquet, uno de los doctores que realizó su autopsia, la contracción estomacal, claramente visible, daba muestras de que había sido envenenado, y sus últimas convulsiones de tan horrible agonía aún podían visualizarse en su rostro.
Pero nada de estos exahutivos análisis arrojaron luz sobre quién fue en vida ni el porqué de su horrible muerte y enterramiento.

Fueron muchas las hipótesis que se barajaron entonces.
Se barajó la posibilidad de que se tratara de la momia del hijo mayor de Ramsés III, Pentewere, quién, junto con su madre Tiy, apoyados por un gran número de nobles, habían ejecutado un plan para matar al faraón y ascender al joven al trono. Al ser este plan descubierto, sus conspiradores fueron llevados a juicio y condenados a muerte.
Posiblemente Pentewere, debido a su status real, se libro de morir ejecutado a cambio de hacerlo mediante el veneno, veneno que se suministraría él mismo.
También se jugó con la posibilidad de que hubiera sido un príncipe hitita rival. Esta teoría se basaba en una carta que fue escrita por la viuda de Tutankamón.
Otra posibilidad era que se tratara de uno de los hijos del rey Hitita, llegado a corte a petición de la viuda del faraón, al morir éste sin dejar heredero, para que se convirtiera en faraón y asegurarse así ella su poder. Desafortunadamente el joven habría sufrido una cruel muerte.


Más de un siglo después, en abril del 2006, una nueva exploración realizada en 3D, permitió conocer nuevos datos sobre el desconocido “Hombre E”.

Tras ella se supo que, al contrario de lo que se dijo en su primera, un siglo antes, la momia carecía de vísceras, tal y como era costumbre entre los egipcios.
El análisis de sus dientes dio como resultado de que se trataba de un hombre de aproximadamente 40 años, una edad más en consonancia con la de Pentewere , pero no se comprende entonces, por qué un criminal fue enterrado en el mismo panteón de los reyes.
Debajo de las vendas, su piel estuvo cubierta con una capa muy gruesa de natrón, de resina machacada, y de cal viva. El cuerpo sí presentaba los órganos internos en su lugar, lo que anulaba lo declarado por los investigadores un siglo atrás.
También cabe la posibilidad, de hubiera sido preparado para su entierro por personas no egipcias y por lo tanto no habituadas a procesos de momificación.
El uso del óxido de calcio en su cuerpo, parece apuntar la dirección de influencia griega.
El óxido de calcio, mucho más áspero en sus características de desecación que el natrón egipcio natural, era evitado por embalsamadores egipcios, que eran más delicados en la preservación del cuerpo.
Los griegos que utilizaron este método para tratar los cadáveres, equivocadamente tal vez creyeron que en los los egipcios lo usaban también, por lo que procedieron a embalsamarlo con dicho método.
También entre ellos era costumbre enterrar a los hicsos con sus ovejas y envuelto en zamarras. Esto indica otra vez que "embalsamaron" al “Hombre E” probablemente en un país extranjero donde las zamarras fueron curadas y empleadas en un contexto funerario.
Igualmente pudiera tratarse de un noble o un príncipe egipcio de alta posición en un país asiático, y que muriera allí.
La gente de ese pueblo, quiso hacer lo mejor para él, pero no eran embalsamadores, ni conocían sus técnicas para hacer una momia como los egipcios, y al final del pseudo-proceso de momificación, lo devolvió a enterrarlo a su país de origen.
Imagen computarizada en 3D del supuesto rostro del "Hombre E"


Usando modernas técnicas forenses, se hizo una reconstrucción facial creando un cráneo en 3D del “Hombre E”. El resultado fue la revelación de un hombre de cara fuerte y bella, prominente nariz y mandíbula larga, que corresponde con un fondo hitita.
Los egipcios tienen la parte inferior de la cara más larga, y un amplio cráneo desde la frente hacia atrás, al igual que el "Hombre E", lo que sugiere que es un antiguo egipcio.

Todos estos análisis de la ciencias moderna, han arrojado muchos datos sobre el desconocido, pero a pesar de ello, aún desconocemos su verdadera identidad, que posiblemente haya quedado al igual que su último grito, atrapada en el tiempo.

martes, diciembre 8

Las Momias De Vác


En el año 1994, un grupo de trabajadores de un pequeño pueblo llamado Vàc, en las afueras de Budapest, en Hungría, se dirigía hacia la iglesia de Los Dominicos, con la misión de proceder a la restauración de la misma.
Habían sido requeridos por el sacerdote, Josef Zavecz, que estaba preocupado desde hacía tiempo por unas grietas aparecidas en la una de las paredes de su iglesia, y que se iban acrecentando considerablemente.
A primeras horas del día, emprendieron, junto con el sacerdote, la tarea de inspeccionar el templo.

Como quiera que al golpear con un martillo una de las paredes bajo la torre sonara a hueco, decidieron derribarla, comprobando que se trataba de un delgado tabique, añadido a la construcción original, posiblemente para ocultar un espacio.

Asomado por el agujero derribado, el sacerdote se sorprendió al ver una escalera descendente oculta en la oscuridad. Inmediatamente se dio cuenta que habían encontrado con una bóveda oculta.
Aunque en esa primera exploración creyó que se trataba solamente de una cámara de vacío que había estado olvidada bajo el suelo de la iglesia, cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, vio a cientos de ataúdes (265), apilados desde el suelo hasta el techo, ordenadamente por su tamaño, llenando la cripta y olvidados durante más de doscientos años. Cada uno de ellos había sido cuidadosamente pintado a mano con brillantes colores, representando figuras como crucifijos, flores, citas, versos de la biblia, ángulos, el cráneo y las tibias cruzadas, relojes de arena, inscripciones y “Memento Mori”, todo ello como si se hubiera querido hacer un homenaje a la vida obviando la muerte.

Ningún féretro era igual a otro. Cada uno de diferenciaba de los demás por las pinturas que lo decoraban, personalizadas de acuerdo a la persona que albergaba en su interior y haciendo referencia a la misma. Así, el ataúd que fue la última morada de un minero, estaba decorado además de con flores y huesos, los utensilios que había utilizado en la vida: un pico y una pala.
Todos los enterramientos se realizaron entre 1731 y 1838.

Cuando se procedió a la apertura de los mismos, se descubrió que todos los cuerpos estaban momificados y en perfectas condiciones. La piel, el cabello y las uñas estaban intactos, así como sus vestimentas, las prendas tejidas a mano, y las medias que vestían sus pies. Rosarios, y otros objetos personales, lucían igualmente bien conservados, dejando con ello una valiosa información sobre las costumbres y vida cotidiana de los pueblos húngaros durante el siglo XVIII.

Debidos a las condiciones de la cripta sellada, se creó una momificación natural de los cuerpos
Después del estudio de los restos, se llegó a saber a quién habían pertenecido en vida, en donde vivía y a qué se dedicaban. Pertenecientes a la clase media, tenían el privilegio de utilizar la iglesia como lugar de entierro, la gran mayoría, personas acaudaladas y con unas buenas condiciones de vida. Entre los muertos había comerciantes, artesanos, funcionarios, sacerdotes y políticos.

Pero junto a ellos no solamente fueron enterradas sus pertenencias. También se llevaron a la tumba dentro de sus cuerpos los organismos de una epidemia que asoló Europa en los siglos XVIII y XIX: La peste Blanca, o tuberculosis, nombre con el que la conocemos hoy en día.


Tras un minucioso análisis, se encontró que el 55% de los restos óseos de los168 individuos estudiados, tenían ADN de M. tuberculosis, corroborando así que lo prevalente que fue esta enfermedad en Europa en durante la plaga, y que arrasaba familias enteras.


Algunas de ellas, fueron enterradas en la cripta de Vác.
Esto da lugar a barajar la posibilidad que el motivo del enclaustramiento de de la cripta, pudo deberse precisamente para aislar a del mal a los que habían perecido por él.


Un cirujano australiano, el Dr. Mark Spigelman, ha dedicado muchos años al estudio de las bacterias que se encuentran en las momias, así como un análisis de su ADN. La información obtenida de este ADN antiguo podría proporcionar información que ayudará a luchar contra la tuberculosis.

Algunas de estas momias están expuestas y pueden visitarse en la Iglesia Dominicana de Vác, Hungría

sábado, noviembre 28

Las Momias De S. Michan's

La Iglesia Parroquial de St. Michan’s, en Church St. Lower Dublín (Irlanda), fue fundada en el año 1095, en la orilla norte del río Liffey.
Según parece, la fosa medieval que rodeaba el edificio, creaba en las criptas un ambiente extremadamente seco, las paredes de piedra caliza chupaban la humedad, y el gas metano que salía de la tierra actuaba como un agente de secado propiciando así la momificación de los cuerpos que allí eran sepultados.


Hasta aproximadamente el año 1700, debajo del altar y el presbiterio de las iglesias se construían criptas en donde eran enterradas las personas pertenecientes a la nobleza y al feudo. El lugar del enterramiento se hacía de acuerdo al rango del fallecido. Así, la más alta alcurnia era sepultada en la zona más cercana al altar, distanciándose del mismo aquellas otras que no gozaban de los mismos privilegios.
A partir de 1700, los enterramientos en dichos lugares solamente se efectuaban mediante previo pago.
Los ataúdes se iban colocando uno encima del otro conforme se iban produciendo los enterramientos. Parece que debido al peso que se iba acumulando, los de abajo terminaron por romperse dejando al descubierto los cuerpos de su interior, y comprobándose el estado momificado de los mismos.
En una de las criptas de la Iglesia, están expuestos al público algunos de las momias anónimas, carentes de datos que las identifiquen, Todas conservan en perfecto estado las orejas y la uñas, así como los pliegues de la piel de los dedos.

Se asegura que una de estas momias se trata de una monja que había tenido una vida longeva pues había vivido más de 100, haciéndose patente en ella cierta deformación ósea provocada por una artritis aguda en los pies y las manos.


Otro de los allí expuestos en vida fue un Cruzado, de considerable altura para la época que le tocó vivir y al que además le falta un dedo y presenta las piernas rotas, según se dice, se las rompieron en el momento de darle sepultura, pues debido a su altura no tenía cabida en su último lecho, a fin de poder ser doblados.
También está expuesta una momia que carece de una de sus manos. Posiblemente se trataba de un ladrón, cuya pena fue, como era costumbre entonces, amputarle el brazo con el que había cometido el delito. Igualmente este el cadáver carece de pies, por el mismo motivo que El Cruzado.
La causa de que un ladrón se enterrara en una cripta de honor, se debe, según la leyenda, a que llegó a arrepentirse de sus fechorías y se hizo sacerdote, consiguiendo así el perdón y reconocimiento.
La cripta también tiene los ataúdes de los hermanos Sheare que fueron ejecutados por los británicos - y como se descubrió recientemente descuartizado y - para el levantamiento de 1798, así como el matemático William Rowan Hamilton, muchos de los Condes Kenmare , y supuestamente - aunque otros aseguran él también - los restos de Robert Emmet, el rebelde irlandés muerto por los británicos en 1803.


Existen en la Iglesia Parroquial de St. Michan’s otros muchos cuerpos momificados que no están expuestos al público seguramente porque tienen una identidad, y que gracias a ello, pueden conservar su derecho a la intimidad y al descanso eterno sin intromisiones.

martes, noviembre 17

Soldados Tiroleses

Un pelotón de soldados austríacos perteneciente a la Guardia Imperial Tirolesa, ascendía trabajosamente a 3.400 m. de altura sobre el nivel del mar, por las nevadas laderas de la montaña de San Matteo, cerca de las fronteras suiza y austríaca en los Alpes Italianos. Habían salido de su refugio en las profundidades del glaciar Marmolada, también al norte de Italia que formaban una red subterránea, conocida como la "Ciudad de Hielo" y que consistía en un laberinto de túneles construidos a 60 metros bajo el hielo, que conectaban cinco núcleos, compuestos por barracas, generadores eléctricos, unidades de primeros auxilios y cocinas Algunos de estos túneles estaban construidos bajo 60 metros de hielo.

Era el día 13 de septiembre de 1918, y en plena I Guerra Mundial, tropas italianas y austríacas se enfrentaban en las montañas, en lo que luego se llamaría “La Gran Batalla”.

Los soldados avanzaban intentando apoderarse de la cima. Tres de ellos tomaron avanzadilla adelantándose considerablemente de sus compañeros. Equipados con sus casacas de combate ajustadas con gruesos cinturones de cuero, portaban todo el equipamiento necesario para el trayecto hasta la cima y para un posterior combate: bayonetas, máscaras de gas, botellas con agua, y víveres necesarios.
Aún a pesar la ventaja sobre sus compañeros, el ascenso se hacía penoso sobre el hielo congelado de las laderas, el frío entumecía sus miembros hasta dejarlos insensibles y un viento helado congelaba sus rostros.
Cada uno de ellos aspiraba a coronar cuanto antes la cima como una muestra más del avance hacia lo que sería una cruenta batalla, temida pero a la vez deseada, que los acercaría cada vez más hacía una victoria y un deseado final.

Y así, sumidos en sus esfuerzos y sus pensamientos, ni siquiera tuvieron pudieron darse cuenta de que una granada enemiga estallaba a su paso, acabando con sus vidas y dejándolos enterrados bajo una gruesa capa de hielo.

Ochenta y seis años después serían hallados fortuitamente en el glaciar Forni por Maurizio Venzi, director del museo militar de la ciudad de Peio, situada en la región de Trento, en Italia, cuando buscaba objetos para su museo. Los tres soldados aparecían cabeza abajo, vestidos con sus uniformes y junto a ellos todas sus pertenencias y en perfecto estado de conservación, con las manos y el rostro bien definidos, lo mismo que las uñas, dientes y piel.

Después de ser sometidos a una investigación forense, fueron enterrados en un cementerio militar local.

lunes, noviembre 9

La Señora De Cao


Aunque se barajan varias hipótesis, la muerte de la Señora de Cao, ocurrida hace más de 1700 años sigue siendo una incógnita. Sí se sabe con certeza de que el deceso se produjo cuando contaba entre 20 y 25 años de edad, su estatura era de 1,45m., y aunque algunos apuntan que pudo ser debido a un peligroso o mal afortunado parto (su abdomen aparece dilatado y con cicatrices); otros anotan que aunque estuviera embarazada en el momento de morir, el motivo de la misma pudiera deberse a un estado de crisis en la sociedad moche, dado los cambios que presenta la pirámide en sus estructuras, motivados por lluvias torrenciales que la afectaron gravemente.
También hay quién se decanta por un suicidio o asesinato para calmar a los dioses… hipótesis en fin, que quedan en la incógnita de la realidad, pero lo que sí se sabe con certeza es que se trata de un personaje muy importante en la sociedad mochica del valle de Chicama.

Fue descubierta en el año 2005 en el valle de Chicama, (Perú) en la huaca de Cao Viejo, ubicada en el Complejo Arqueológico de El Brujo, que se levanta en el distrito de Magdalena de Cao, en el departamento de La Libertad, en el lugar mismo de su enterramiento en el interior de su pirámide funeraria, por el arqueólogo Régulo Franco de la fundación Augusto N. Wiese, y su descubrimiento confirma algunas de las teorías acerca de esta antigua sociedad preínca las cuales se basan en que la mujer ejerció el poder político y religioso en el valle de Chicama.


El fardo encontrado guardaba dentro de un cuerpo en perfecto estado de conservación, según los investigadores, debido a que el nivel intermedio en el que estaba enterrado, lo mantuvo alejado de la superficie y protegido así de la humedad de las lluvias.

Igualmente se encontró un bello e importante ajuar de collares de oro y plata que simbolizan poderes mágicos, narigueras, pendientes y báculos que representan el poder de gobernante y una condición semidivina.

Los análisis efectuados dieron como resultado que el cadáver fue tratado con un mineral llamado cinabrio o sulfato de mercurio, un metal rojizo usado desde tiempos remotos por los antiguos peruanos y otras culturas con fines ceremoniales relacionados con la muerte. Esta sustancia era utilizada por aquellos que temían que las personas muertas regresaran a la vida, y actuaba como un repelente y veneno para las bacterias que podrían haber deteriorado el cuerpo. Igualmente algunas de las telas y metales con las que fue enterrada la Señora de Cao también fueron impregnadas de este mineral.
Su rostro fue cubierto con un paño de algodón y protegido con un recipiente de cobre dorado, y sobre el pecho descansaba un plato del mismo metal.


El cuerpo también presentaba tatuajes de serpientes y arañas en los antebrazos, los tobillos y los dedos de los pies, animales que en la simbología andina, están vinculados con la fertilidad de la tierra. Todo esto apunta a que la mujer enterrada realizaba las labores de chamán o adivina.


Junto a ella fueron encontradas armas de guerra como mazas y lanzas, algo totalmente inusual en el enterramiento de las mujeres.

La Señora de Cao no fue enterrada sola, en sus funerales se habían realizado rituales mágicos no exentos de sacrificios humanos, como así lo demuestran las osamentas halladas en la tumba principal. Se trata de los restos de una adolescente que fue estrangulada y colocada al lado izquierdo del fardo. Al sur de la tumba se encontraron los restos de un individuo, a quien los arqueólogos llaman el guardián de la tumba. Otros tres fardos funerarios ubicados al pie del muro sur forman parte de este entierro, pero estos aún no han sido abiertos. Sin embargo, las radiografías que se les ha tomado revelan que se trata de individuos que poseen diversos ornamentos personales.

En definitiva la señora de Cao se conserva tan "sumamente bien" que en uno de sus vestidos se aprecia el "escupitajo" del enterrador, costumbre esa del salivazo común en ceremonias fúnebres de la cultura Moche.

Fuentes consultadas: National Geographic – Junio 2006