martes, marzo 29
La Momia Más Pequeña
domingo, febrero 14
La Momia Embarazada
A sus cuarenta años era ya una anciana tanto para la vida como para el embarazo y alumbramiento, y la mísera vida y la mala alimentación que había llevado no le dio la posibilidad de obtener los nutrientes necesarios para llevar adelante un embarazo. Sus huesos estaban debilitados y carentes de calcio.
Todos los esfuerzos que realizó para facilitar el nacimiento de su criatura fueron en vano. Ambos murieron en el intento.
La mujer fue enterrada junto a su feto muerto recién nacido, de un tamaño entre 19 y 20 centímetros.
Los cuerpos momificados de madre e hijo fueron descubiertos junto a tantos otros entre finales del siglo XIX y principios del XX, en el cementerio de la ciudad de Guanajuato, en México. La mujer aún conservaba su abultado vientre.
Ambos están expuestos en el museo de la ciudad.
El feto momificado es considerado la momia más pequeña del mundo.
martes, enero 27
Ignacia Aguilar, Juguete De La Muerte
La muerte quiso jugar al escondite con Ignacia Aguilar.
Se cree que en vida, Ignacia Aguilar de Charmo era una mujer obesa, sufridora de ataques catalépticos, que la llevaban y traían frecuentemente a un lado y otro de la realidad.
Y esa cruda realidad la atacó por sorpresa, tal vez provocada por la juguetona muerte, cuando un día, Ignacia dejó de respirar y quedó atrapada en “el otro lado”, incapaz de regresar a “éste”.
Dada por muerta, velada y llorada, fue enterrada en el cementerio de Guanajuato, ubicado en el Templo de San Sebastián sobre la primera mitad del siglo XIX.
No se sabe el tiempo que transcurrió desde que fue enterrada hasta que pudo volver de nuevo a “este lado”, y tampoco ya fuera mucho o poco tendría importancia para ella, porque cuando Ignacia Aguilar regresó, se encontró, apresada en un oscuro y breve espacio de madera, e imposibilitada de salir de allí.
De nada sirvieron sus gritos primero, ni sus gemidos después, ni tampoco sus esfuerzos por escapar de aquel horror. Ignacia Aguilar había sido enterrada viva. La muerte siguió jugando con ella privándola en esta ocasión de volver de nuevo al estado catatónico para mitigar así su agonía. La dejó morir lentamente, gritando para que abrieran el ataúd hasta que se apagó por completo el oxígeno del reducido lugar.
Pasó el tiempo, y en 1922 expiró el título de propiedad del nicho en el camposanto. Nadie lo renovó y nadie reclamó sus restos, por lo que las autoridades decidieron hacerse cargo de los mismos y trasladarlos a nuevo cementerio, siendo los funcionarios del mismo los que realizaron la labor de la exhumación del cadáver.
Cuentan que éste apareció boca abajo, quizás en un intento de escapar haciendo presión sobre la tapa con su espalda, con las manos aferradas al rostro y este totalmente arañado por ella misma. Sus gritos ayuda fueron respondidos demasiado tarde.
Ahora “descansa” en el Museo de las Momias de Guanajuato. Su mueca de agonía causada por la asfixia, la posición de sus brazos, así como las lesiones que presenta la piel de su frente, siguen gritando al observador la injusticia que le jugó la muerte.
miércoles, agosto 27
Guanajuato
Es lo que ocurre en Guanajuato. Las condiciones climáticas del estado están determinadas por la latitud, lejanía del mar, los efectos de las masas de aires polares, así como de los fenómenos de condensación orográficas, que se desarrollan en las laderas de las montañas y de los contrastes de altitud entre valles, bajíos y serranías.
Tal vez por todo esto el lugar actúa sobre la descomposición de los cuerpos difuntos, generando así una conservación de los mismos, escasamente dada en otros lugares del planeta.
Es sabido que el terreno calizo absorbe la humedad del aire, deshidratando así el tejido humano (a deshidratación no atrae a microorganismos ni larvas ni a ningunos de los insectos necesarios para su corrupción), y eliminando el proceso natural de putrefacción por lo que el cuerpo termina secándose. Esto afecta tan solamente a las partes externas del cuerpo, conservándolas en buen estado. Las internas desaparecen, dado que son sumamente fáciles de destruir.
Según se cuenta, aunque de esto no existe certeza definitiva, sobre el año 1833 la ciudad sufrió el acoso de la peste, causando una gran mortandad y dejando así casi totalmente cubierto el cementerio existente, ubicado en el templo de San Sebastian, por lo que años más tarde, en 1853 se procedió a la construcción de uno nuevo que tuviera cabida para las sucesivas muertes que se fueran produciendo, construyéndose en la falda sur del cerro denominado Trozado. En 1861 fue definitivamente inaugurado.
El Emilio Leroy, causando una descomunal sorpresa entre los panteoneros, dado que éste apareció totalmente momificado. Este hecho hizo que el cadáver fuera expuesto por la singular rareza del caso.
Momia del doctor Emilio Leroy, con ropa casi en perfecto estado de conservación y con un libro, tal vez una biblia, entre las manos.
A partir de ese momento fueron siendo localizadas en otros puntos de la ciudad algunas otras momias llegando a alcanzar en 1907 la cifra de 86. Desde entonces hasta hoy los descubrimientos no se han dejado de producir, llegando a sobrepasar las 1200.
La mayoría de las momias descubiertas están expuestas en el Museo de las Momias en la ciudad de Guanajuato, impresionando la expresión de terror de su rostro en algunas de ellas, según se dice, al haber sido enterradas vivas. Existen cuerpos con clara evidencia de haber sido ejecutados, otros aparecen desnudos o vestidos con ropas elegante o humilde, según la clase social a la que pertenecían. Algunos de ellos conservan totalmente o parte del cabello, contándose también más de 15 niños.
Todas y cada una de estas momias cuentan con su historia particular, de las que en lo sucesivo iré narrando para conocer un poco más la vida de estas, que un día fueron personas, y sobre todo para concienciarnos un poco más de lo que es nuestra existencia.


