domingo, mayo 24

El Niño De Cerro El Plomo

Aún a pesar de que el niño de ocho años había pasado la noche con fiebres altas y diarreas, debido al parásito Trichinella que habitaba en su cuerpo, y que le había provocado la triquinosis, fue despertado al alba a fin de proceder a prepararlo para lo que había sido elegido: el sacrificio. Aún tenía fiebre y sufría grandes calambres y dolores por la enfermedad; para aliviarlo le dieron a mascar hojas de coca.

Lo vistieron con una túnica cora de color negro, hecha con finísimas telas de alpaca y vicuña, con trozos de piel y flecos de lana y lo cubrieron con una manta gris con listas rojas y azul-verdosas. Calzaron sus pies con mocasines de cuero bordados en las orillas, colocaron brazaletes de cobre en sus manos y peinaron su larga cabellera en más de doscientas trenzas, colocando sobra cada una de ellas un cintillo de color negro del cual colgaban hilos de lana negra. Sobre su frente lucía una diadema en forma de dos medialunas y adornaron su cabeza con un tocado de plumas. El se dejaba hacer.


Poco antes de emprender el largo camino hacia el lugar del sacrificio, pintaron su cara con pigmentos rojos y amarillos y le hicieron entrega de dos bolsas, una de lana y otra de plumas, para llevar las hojas de coca. Igualmente le dieron otra de cuero conteniendo lana roja, trozos de uñas y restos de pelo, recuerdos de los ritos del pasaje de una edad a otra, (costumbres andinas), una figurita de oro, otra de plata y una concha probablemente traída del trópico.


Y así, ricamente ataviado con esta indumentaria, emprendió junto a la comitiva el ascenso hacia lo alto de la montaña, hasta llegar al santuario.

Durante el camino fue tratado con mimo, pero aún así, seguramente debido a sus calenturas, sufría escalofríos y temblores. Las plantas de sus pies se iban llenando de llagas, ya fuera por la agresividad del suelo, o por el calzado poco adecuado para ello que llevaba. Cuando el final del camino estaba próximo, le dieron a beber una especie de brebaje con contenido alcohólico y narcótico procedente de hierbas, con el fin de adormecerlo y hacerle más llevadera su salida de este mundo.

El santuario estaba ubicado a una altitud de 5.200 metros, lugar conocido como Cerro Plomo, una de las cumbres más altas de la cordillera de Los Andes, niño fue depositado en una oquedad excavada en el gélido lugar denominada enterratorio, y posteriormente cubierto con lajas. Cercano a él, fue enterrada una estatuilla femenina hecha en plata y vestida con una larga falda, amarrada con una faja a la cintura, con una manta en la espalda, un gran tocado de plumas de aves selváticas en la cabeza, y con adornos y bolsas a la manera del muchacho.

Después de hecho todo esto, la comitiva retomó el camino de regreso y el quedó sólo. Aunque narcotizado, en el fondo de él brillaba una luz de conciencia que le hacía sabedor de que eran sus últimos momentos de vida. . La oscuridad de su nicho aumentó su temblor y su miedo. Se acurrucó de modo fetal, a fin de protegerse y de combatir el frío y cerró los ojos. Su cuerpo fue bajando de temperatura y la hipotermia le provocó sopor y la muerte.

En los últimos instantes de vida vomitó y defecó sobre sí mismo. Así terminó su corta existencia.

(El Niño de Cerro El Plomo en su urna)

En esta misma posición fue descubierto el día 1 de Febrero de 1954, quinientos años después por dos arrieros buscadores de minas. Ni su cuerpo ni su indumentaria habían sufrido cambio alguno a través del tiempo.

Análisis posteriores revelaron que el niño no fue ni agredido ni torturado antes de su sacrificio, que gozó de excelente salud en vida, independientemente de la triquinosis que contrajo, y que se alimentaba de vegetales y carne, probablemente de cerdo salvaje, lo que podría habersela originado.

Sus restos liofilizado fueron introducidos en una urna de cristal refrigerada y colocada en el sótano del museo más importante y con tradición de Chile, como una verdadera reliquia que ha conseguido vencer el paso del tiempo. Está alejada del público en general.

(El Imperio Inca mantenía ceremonias de culto en el Santuario de altura del Cerro El plomo al dios Sol (Inti). Dichas ceremonias se realizaban ante ciertos acontecimientos como guerras, muertes o enfermedades de los gobernantes, y durante los solsticios. Según la importancia de la celebración, se hacían sacrificios humanos de hombres y mujeres jóvenes e incluso niños.)

Fuente de Datos:

*"Cielo de Serpientes" - Antonio Gil, 2008 - Editorial Seix Barral/Biblioteca Breve

*Revista chilena de radiologia


martes, mayo 5

Lenin, Momia A La Fuerza


Una de las momificaciones más ilustres fue la de Vladimir Lenin, sometido a un misterioso proceso de conservación con parafina para hacer de él un ser incorruptible.

Expuesta en el Mausoleo de la plaza Roja de Moscú.


Vladimir Ilich Ulianov nació el 22 de Abril de 1.870, Simbirsk (ulyanovsk desde 1.924 hasta la actualidad) Imperio Ruso, y murió el 21 de Enero de 1.924.

Desde entonces su cadáver insepulto sigue sin conseguir el descanso.


Vladimir Ilich Uliánov, Lenin, en el universo político de los impresos y de las bibliotecas figura como un personaje que encarna la categoría teórica que podemos conceptuar como el intelectual revolucionario del proletariado, esto es, como el sujeto que se sirve de los medios intelectuales de producción (instrumental bibliográfico y sistemas bibliotecarios) para enfrentar en el plano de la disputa de las ideas a la clase dominante, pero adhiriéndose a la clase dominada.Aunque durante un largo tiempo de su vida padeció de sífilis, la causa de su muerte fue debida a un infarto cerebral, consecuencia de una bala que se mantenía alojada en su cuello, muy próxima a su espina dorsal, todo ello producto de un intento de asesinato fallido.


El nunca quiso que se celebrasen memoriales tras su muerte, pero sus deseos jamás fueron respetados. Muy al contrario, las autoridades políticas se encargaron de ensalzar su imagen, tal vez pensando que todo régimen necesita de ídolos y mártires a quien venerar, enardeciendo así el fervor popular y favoreciendo al mencionado régimen establecido.

Para ello se decide conservar su cadáver incorrupto, tal y como tantos que existen de manera natural. Pero la naturaleza no tenía esas intenciones con Lenin, por lo que decidieron hacerlo incorrupto por la propia mano del hombre.

Nada más morir se le aplicó al cadáver un sistema de conservación, inyectando para ello en la aorta seis litros de alcohol, formol y glicerina, destinado a preservar el cuerpo.

Sin embargo no fue suficiente, y su cadáver expuesto se descomponía ante los miles de soviéticos que lo visitaban cada día.

Se puso entonces el caso en manos de los profesores Vorobiov y Zbarski, que procedieron a extraerle

los pulmones, el hígado y el bazo, tras lo cual se lavó por completo la caja torácica.

Se le practicaron incisiones por todo el cuerpo, en el vientre, en los hombros, en las piernas, en la espalda y en las palmas de las manos, para que el bálsamo penetrara y saturase bien todo el cuerpo.



Sólo después sumergieron a Lenin en una bañera de caucho colmada del elixir secreto aunque se sabe que la solución estaba compuesta en su mayoría de glicerina y acetato de potasio, agua y cloro de quinina.



Para vencer su extrema delgadez rellenaron sus tejidos y blanquearon su piel con objeto de eliminar la palidez amarillenta que mostraba. Se le sustituyeron los ojos por bolas de cristal para no pronunciar las cuencas vacías y preservar así su identidad facial.


Con el mismo objeto sus labios fueron cosidos por debajo del bigote.


Incluso con el paso del tiempo su vestimenta se renueva cada dos años siguiendo los cánones de la moda.



Los conservadores aplicaban el líquido milagroso en la cara y en las manos, tres o cuatro veces por semana. Una vez al año, el mausoleo cerraba durante mes y medio para poder sumergir el cuerpo en el baño e impregnarlo con el preparado químico.


Y allí continúa el cuerpo artificialmente momificado.

domingo, abril 19

El Hombre De Galera


Cuando el Hombre de Galera murió contaba entre 27 y 29 años de edad, y era prácticamente un anciano.

Su vida se extinguió tal vez una mañana, tal vez una noche, en un día de hace 3.500 años, en plena edad del Bronce. Las causas de su muerte son desconocidas.


El Hombre de Galera vivió en poblado argárico de Castellón Alto, en Galera (Granada) realizando posiblemente duros trabajos. Medía 1,60 m. de altura y mediana robustez; peinaba dos trenzas laterales y una coleta que llegaba hasta su cintura; cubría su cabeza con un gorro de lana tejida recubierta por cuero y sus vestidos eran de lino. Su rostro lucía barba.



Fue enterrado depositado sobre el lado izquierdo, con los brazos y las piernas fuertemente flexionados sobre el pecho. Apoyada en el brazo y pierna izquierdos fue depositada una azuela delicadamente atada al mago de madera de encina y una red de esparto, así como un puñal, tres cuentas de collar y varios anillos. A su espalda, justo en la embocadura del nicho, un ajuar cerámico de cuatro piezas y dos brazaletes de bronce.



El Hombre de Galera no fue enterrado solo. Junto a él reposaba un infante de unos cuatro años (puede que su hijo), fallecido anteriormente y exhumado para que descansaran juntos, pues sus huesos forman un paquete en desorden colocado en la zona anterior derecha de la sepultura.


Fue cerrado todo con tres tablones de madera de pino, que habían sido perfectamente escuadrados. Finalmente lo taparon con un hermético murete de piedras medianas que no permitía el paso del oxígeno haciendo que los cuerpos se momificaran de forma totalmente natural, dándose unas condiciones idóneas para su conservación.


A finales de noviembre de 2002 ambos cuerpos fueron descubiertos y el Hombre de Galera considerado como el segundo vestigio de ser humano momificado de Europa.


A pesar del tiempo transcurrido aún conservaba restos de tejidos corporales y largos mechones de pelo largo y oscuro, barba y pelo corporal adherido a la piel.

También se conservaban fragmentos de tejido de lino y lana en las falanges de las manos.

El cráneo del infante tenía mechones de pelo peinados hacia delante a modo de flequillo y presentaba restos de partes blandas del cuerpo.


Texto y Fuente de Datos:

El Hombre de Galera

Cuarto Milenio (ver video)

lunes, abril 6

Retratos Mortuorios, Atrapados En El Cartón

No solamente las momias y los cuerpos incorruptos quedan retenidos en el tiempo. También quedan retenidos en él los cuerpos muertos que quedan impresos en la fotografía.


Con el invento del daguerrotipo sobre el año 1839 y posteriormente la fotografía, se puso en práctica el uso del Retrato Mortuorio.

En una época en la que la mortandad (la infantil sobremanera) era sumamente alta, el sufrimiento, la enfermedad y la muerte, eran asumidas como parte de la cotidianeidad de la vida, y era una constante en las familias la pérdida de seres queridos, con lo cual su dolor de duelo era casi permanente.


El retrato mortuorio ofrecía la posibilidad de disponer de una imagen para siempre de ese ser que tan dolorosamente se separaba de ellos, y de esta forma, recordarlo sin que el paso del tiempo borrara la imagen retenida en la memoria. Al mismo tiempo el poder disfrutar de ella los llenaba de fuerza y les hacía más llevadero el camino.

Había lugares en los que incluso se pensaba que el alma del fallecido quedaba retenida en el retrato y por lo tanto muy cerca de ellos cada vez que lo miraban. Esto les daba una relativa tranquilidad al sentir que el ser querido seguía viviendo en la fotografía.


Era por tanto primordial guardar la última imagen del mismo para recordarlo al verlo tal y como era en vida. Para ello los arreglaban y colocaban en situaciones cotidianas. Así, al mirar el retrato veían una escena que fue natural en la vida del mismo. El que partió seguía viviendo entre ellos.


(A esta niña la rodearon de sus muñecas preferidas, para simular que jugaba con ellas)

(Este niño fue vestido y sentado en una silla, e incluso le cruzaron las piernas para darle más realismo)




Había ocasiones en las que el resultado no era del todo convicente, como ocurre en esta foto, puesto que la expresión del niño carece de naturalidad. Da la impresión de le abrieron los ojos para dar más énfasis a la toma, y que incluso los retocaron para jacerlo más real, tarea de la que no se consiguieron buenos resultados, puesto que la expresión del rostro carece de vida.









Otras veces, y debido a la causa del fallecimiento, era tarea casi imposible el dar realismo vital al retrato, como el caso de esta niña, que nos muestra una imagen grotesca y desagradable.










También jugaba un factor en contra el rigor mortis. Esta niña fue maquillada sin resultados positivos ante la inposibilidad de ocultar su falta de vida.
















Este bebé fuen en vida Rosa Quintero (Lima), y falleció en 1892. Se aprecia claramente que está sujetado por las manos de alguien para que conserve su postura erguida.











(Con esta joven fallecida en Londres, en 1902, se quiso hacer ver un despertar natural después de una noche de descanso)

Esta costumbre, ya desaparecida, puede parecer ante nuestros ojos, al día de hoy como macabras y desagradables, sin embango hay que entender la forma de vida y de pensar de las personas que vivieron aquella época. Para ellos el Retrato Mortuorio era una manera de homenajear al fallecido.


jueves, marzo 5

Virginia Centurione, Viuda De Bracelli

El día 20 de Septiembre de 1801 amaneció Carignano, en el Piamonte de Italia, cercano a Génova, adelantándose un día a la entrada del inminente otoño. Las hojas de los árboles amarilleaban y el viento soplaba con mediana intensidad. Un grupo de obreros haciendo caso omiso de la climatología, se dirige hacia el antiguo monasterio de Santa Clara, donde tienen intensión de hurgar en las tumbas que reposan bajo el pavimento con la esperanza de encontrar objetos valiosos con los que fueran enterrados los difuntos, o al menos, plomo para poder vender y aliviar así sus necesidades. Sacan de los ataúdes huesos y cenizas, nada de valor, pero uno de ellos les reservaba una sorpresa: en su interior se encontraba el cuerpo intacto de una mujer, que según la inscripción, llevaba fallecida 150 años. La misma inscripción revelaba que se trataba de Virginia Centurione, esposa de Gaspar Bracelli, fallecida a los 64 años el 15 de diciembre de 1651.

En aquellas fechas, la autoridad civil, bastante anticlerical (ya que en aquel momento el Piamonte está bajo la dominación de Napoleón), se esfuerza en moderar el entusiasmo que ese maravilloso hallazgo suscita entre la población genovesa, por lo tanto se le recomienda encarecidamente a Al notario se le encomienda demostrar científicamente que la conservación del cuerpo es producto de un embalsamamiento. Pero cuando éste descubre que el cadáver es manejable y flexible, decide abandonar el examen y dar cuenta a las hermanas de Bisagno que los restos de su fundadora han sido identificados. Ese acto de sinceridad es considerado por el gobierno como una traición, lo que le cuesta la exclusión de la lista de los notarios. Al no poder desarrollar en adelante su profesión, asume vivir en la mayor de las pobrezas y se dedica a buscar los recuerdos relacionados con la difunta, con objeto de conseguir su glorificación.

Y esta es su historia:

Nace Virginia Centurione el día 2 de Abril de 1587 en la ciudad de Génova (Italia).

El destino hizo que lo hiciera en una familia descendiente de la nobleza desde muy antiguo. Su hogar era por tanto acomodado y pudiente.

Su padre, Giorgio Centurione, ducal y consejero de la República en los años 1621-1622 fue un hombre duro y mandatario con su familia.

Su madre, Leila Espínola, dama también de la alta sociedad, era una obsesiva católica, fervorosa y dedicada de lleno a la religión, y participante activa en obras de caridad auxiliando a los pobres.

Lo primero que hizo Leila al nacer su hija fue bautizarla el 4 de Abril de 1587 en el seno de la iglesia católica bajo el nombre de Virginia, y a partir de haberla convertid en cristiana, se dedicó de lleno en instruirla y formarla en la religión bajo su tutela y la de un preceptor escogido expresamente para ello.

La pequeña Virginia creció en este ambiente sacro y piadoso, por lo que no es de extrañar que ya desde aún siendo una niña, expresara de sus deseos de dedicarse a la vida religiosa y profesar los votos para internarse en un convento.

Sin embargo los proyectos que Giorgio Centurione tenía para con su hija eran otros muy distintos, quién por intereses políticos y propios, la entregó en matrimonio a la edad de quince años a Gaspar Grimaldi Bracelli, joven noble y también perteneciente a la nobleza, pero dado por entero al vicio, el juego y la vida desordenada. Aún a pesar del descontento de Virginia, el matrimonio se celebró el 10 de Diciembre de 1602.

De nada sirvieron los intentos de la joven para enderezar la maltrecha vida de su marido, que hacía caso omiso de sus peticiones.

De esta unión nacieron dos niñas, Leila e Isabel. La vida para la joven Virginia pasaba llena de frustración como consecuencia de sus fallidos deseos de entregarse a Dios, pero sin embargo llevó con verdadera dedicación su vida de esposa y madre, y colaborando en obras caridad, socorriendo a los pobres y desde luego sin dejar de ocuparse de su papel de madre y ama de casa.

En 607 Gaspar Bracelli enfermó de tuberculosis y Virginia se trasladó con el a Alessandría buscando un remedio para la enfermedad, remedio que resultó imposible. Allí se dedicó en cuerpo y alma a cuidar a su esposo, al que asistió hasta su muerte el 13 de Junio de 1907.

A la muerte de su esposo, su padre quiso obligarla a contraer segundas nupcias, a lo que ella se negó rotundamente. Como consecuencia Virginia se trasladó a vivir junto a sus hijas con su familia política, educando y administrando los bienes de sus hijas, sin abandonar sus actividades benéficas y sus entregas al recogimiento y a la oración.

Cuando sus hijas crecieron y fueron entregadas al matrimonio, (1610), comenzó a dedicar su vida de lleno al trabajo para los necesitados creando instituciones benéficas y auxiliándolos con sus propias rentas. Repartía limosnas y seguía el día a día de su familia. Ni que decir tiene que los actos de Virginia tuvieron una repercusión negativa en la relación con su padre, quién la vigilaba y controlaba severamente.

Hizo de su casa lugar de acogida para jóvenes abandonadas durante la guerra entre la República de Génova y el Duque de Saboya, que estaba apoyado por Francia, y ayudó a prófugos y pobres que pululaban por la ciudad, atendiendo a todas sus necesidades.

A la muerte de su suegra, en 1625, se dedicó a internarse en los barrios más pobres y conflictivos de la ciudad buscando personas necesitadas y en peligro, a las que instruía para que siguieran el buen camino y las alejaba del mundo corrupto en el que vivían.

Esta actividad se intensificó durante la época de la peste y la consiguiente carestía (1629-1630). Como consecuencia y ante la falta de espacio, tomó en arriendo el convento vacío de Monte Calvario, al que se trasladó el 14 de Abril de 1631 con sus acogidas. La obra fue creciendo con los años y se hizo cada vez más grande, por lo que Virginia cursó la petición de que se le otorgara el reconocimiento oficial al Senado de la República. Le fue concedido el 13 de Diciembre de 1635. Entonces formó la Obra de Nuestra Señora del refugio, bajo la dirección y administración de los protectores laicos nobles designados por el Senado de la República.

Comenzó entonces una obra social sanadora con el único fin de cortar las raíces del mal. Creó centros apropiados para los enfermos e inválidos, y elaboró un sistema de educación para que los hombres y mujeres útiles fueran ejercitados en el trabajo para los hombres y labores para las mujeres, imponiendo la obligación a los niños de asistir a la escuela. Por este motivo las colaboradoras de la alta burguesía y aristocráticas se fueron alejando de ella, tal vez por el miedo de manchar su reputación al tratarse con gente corrompida, por lo que Virginia se quedó completamente sola y fue desautorizada de hecho por los Protectores en el gobierno de su obra.

Su salud se fue deteriorando físicamente, tal vez ante tantas adversidades, pero aún así estaba siempre dispuesta a atender a los más abandonados independientemente de su rango social.

Comenzó a entrar en éxtasis, tener visiones, locuciones y otros domes místicos especiales, y el 15 de Diciembre de 1651, a la edad de 64 años, cansada, gastada, pero satisfecha con sus actos, dejó de pertenecer a este mundo.

Fue beatificada en 1985 y canonizada en 2003 por Juan Pablo II. Su cuerpo incorrupto descansa en la capilla de sus religiosas en Génova

Fuentes y parte del texto:

www.notidiocesis.com

www.vatican.va


miércoles, febrero 11

El Hombre De Graubelle


El conocido como “El Hombre de Grauballe” se dirigía, hace unos 2.300 años, hacia una ciénaga cercana, lugar considerado como una puerta de entrada al mundo sobrenatural, situada en una turbera al noroeste de Copenhague. Lo acompañaban amigos y familiares. El camino discurría entre los pozos abiertos para extraer turba y hierro de los pantanos, materiales que se utilizaban en la edad del hierro con el fin de fabricar armas e instrumentos cotidianos.
Era un hombre alto, fuerte y sano de 34 años de pelo rojizo, incipiente barba y complexión robusta, que había sido elegido por su comunidad para ser ofrecido en sacrificio a una de las diosas de la fertilidad, posiblemente como consecuencia de la trágica hambruna, tras largo periodo de invierno duro, que destruyó las cosechas y dejó al poblado sin alimento.
Las creencias germánicas otorgaban a las deidades el poder sobre la vida y la muerte. El sacrificio era una forma de regalo a cambio de algún beneficio.
Por eso “El Hombre de Grauballe” acató honrosa y heroicamente la decisión tomada, que le fue comunicada con unos días de antelación (de ahí su incipiente barba, indicio de que dejó de afeitarse). Le dolía, y porque no decirlo, le atemorizaba la muerte, trance oscuro que le tocaba atravesar, pero él era un valiente, y se sentía agradecido de ser el elegido para sacar al poblado de la miseria de alimentarse solamente de hierba y paja.

La última comida que le proporcionaron sus verdugos consistió en un potaje de trigo y centeno para satisfacer a sus dioses, pues estos alimentos eran interpretados como símbolo de fertilidad. En esta comida incluyeron además un hongo venenoso, tal vez para recrudecer la agonía de su muerte o por el contrario para embotar sus sentidos ante el inminente dolor.
(Reproducción por computarización de la posible imagen de "El Hombre de Graubelle)

Llegados al lugar de destino, el verdugo tomó la cabeza del “El Hombre de Graubelle”, la echó hacia atrás y con una daga le cortó el cuello de oreja a oreja con tal fuerza, que dejó una muesca en una vértebra del cuello y arrancó a su vez un trozo de una de las orejas. A continuación, moribundo y desangrándose fue empujado violentamente a la ciénaga, que lo engulló y arrastró hacia el fondo. El lodo penetró además de por su inconmensurable herida, por su boca y por sus orificios nasales, pero “El Hombre de Grauballe” ya apenas era capas de experimentar la sensación de ahogo y dolor. Estaba inmerso en un sopor que además de arrastrar su cuerpo a las profundidades, empujaba su alma hacia lo más alto, hacia otra dimensión.
(Imagen tomada en el momento de su descubrimiento en 1952)
“El Hombre de Grauballe” fue descubierto en 1952. Apareció desnudo, con el cráneo aplastado, una tibia rota y su rostro se contorsionaba en una mirada de horror y el dolor. En un principio se pensó que esta horrible mueca era consecuencia de cruentas tortura, pero recientemente, y sometidos sus restos a una tomografía computarizada, se ha llegado a la conclusión de que sus huesos fueron rotos debido a la presión de la turba, que aumentó cuando su cuerpo fue accidentalmente pisado en las labores de desenterramiento.
Gracias a este mismo proceso de computarización se ha podido hacer una recreación de cómo pudo haber sido en vida “El Hombre de Grauballe” imagen que nos hace tal vez intuir como y de qué manera había transcurrido su vida.
Nota: Datos científicos ofrecidos públicamente por Niels Lynerup, (investigador) y Pauline Asing, (arqueóloga), miembros del Equipo de Investigadores Forenses de la Universidad de Coopenague.
Imágenes de:

Robert Clark (National Geographic)

Historias con Historia

martes, enero 27

Ignacia Aguilar, Juguete De La Muerte

La muerte quiso jugar al escondite con Ignacia Aguilar.

Se cree que en vida, Ignacia Aguilar de Charmo era una mujer obesa, sufridora de ataques catalépticos, que la llevaban y traían frecuentemente a un lado y otro de la realidad.

Y esa cruda realidad la atacó por sorpresa, tal vez provocada por la juguetona muerte, cuando un día, Ignacia dejó de respirar y quedó atrapada en “el otro lado”, incapaz de regresar a “éste”.

Dada por muerta, velada y llorada, fue enterrada en el cementerio de Guanajuato, ubicado en el Templo de San Sebastián sobre la primera mitad del siglo XIX.

No se sabe el tiempo que transcurrió desde que fue enterrada hasta que pudo volver de nuevo a “este lado”, y tampoco ya fuera mucho o poco tendría importancia para ella, porque cuando Ignacia Aguilar regresó, se encontró, apresada en un oscuro y breve espacio de madera, e imposibilitada de salir de allí.

De nada sirvieron sus gritos primero, ni sus gemidos después, ni tampoco sus esfuerzos por escapar de aquel horror. Ignacia Aguilar había sido enterrada viva. La muerte siguió jugando con ella privándola en esta ocasión de volver de nuevo al estado catatónico para mitigar así su agonía. La dejó morir lentamente, gritando para que abrieran el ataúd hasta que se apagó por completo el oxígeno del reducido lugar.

Pasó el tiempo, y en 1922 expiró el título de propiedad del nicho en el camposanto. Nadie lo renovó y nadie reclamó sus restos, por lo que las autoridades decidieron hacerse cargo de los mismos y trasladarlos a nuevo cementerio, siendo los funcionarios del mismo los que realizaron la labor de la exhumación del cadáver.

Cuentan que éste apareció boca abajo, quizás en un intento de escapar haciendo presión sobre la tapa con su espalda, con las manos aferradas al rostro y este totalmente arañado por ella misma. Sus gritos ayuda fueron respondidos demasiado tarde.

Ahora “descansa” en el Museo de las Momias de Guanajuato. Su mueca de agonía causada por la asfixia, la posición de sus brazos, así como las lesiones que presenta la piel de su frente, siguen gritando al observador la injusticia que le jugó la muerte.