jueves, marzo 5

Virginia Centurione, Viuda De Bracelli

El día 20 de Septiembre de 1801 amaneció Carignano, en el Piamonte de Italia, cercano a Génova, adelantándose un día a la entrada del inminente otoño. Las hojas de los árboles amarilleaban y el viento soplaba con mediana intensidad. Un grupo de obreros haciendo caso omiso de la climatología, se dirige hacia el antiguo monasterio de Santa Clara, donde tienen intensión de hurgar en las tumbas que reposan bajo el pavimento con la esperanza de encontrar objetos valiosos con los que fueran enterrados los difuntos, o al menos, plomo para poder vender y aliviar así sus necesidades. Sacan de los ataúdes huesos y cenizas, nada de valor, pero uno de ellos les reservaba una sorpresa: en su interior se encontraba el cuerpo intacto de una mujer, que según la inscripción, llevaba fallecida 150 años. La misma inscripción revelaba que se trataba de Virginia Centurione, esposa de Gaspar Bracelli, fallecida a los 64 años el 15 de diciembre de 1651.

En aquellas fechas, la autoridad civil, bastante anticlerical (ya que en aquel momento el Piamonte está bajo la dominación de Napoleón), se esfuerza en moderar el entusiasmo que ese maravilloso hallazgo suscita entre la población genovesa, por lo tanto se le recomienda encarecidamente a Al notario se le encomienda demostrar científicamente que la conservación del cuerpo es producto de un embalsamamiento. Pero cuando éste descubre que el cadáver es manejable y flexible, decide abandonar el examen y dar cuenta a las hermanas de Bisagno que los restos de su fundadora han sido identificados. Ese acto de sinceridad es considerado por el gobierno como una traición, lo que le cuesta la exclusión de la lista de los notarios. Al no poder desarrollar en adelante su profesión, asume vivir en la mayor de las pobrezas y se dedica a buscar los recuerdos relacionados con la difunta, con objeto de conseguir su glorificación.

Y esta es su historia:

Nace Virginia Centurione el día 2 de Abril de 1587 en la ciudad de Génova (Italia).

El destino hizo que lo hiciera en una familia descendiente de la nobleza desde muy antiguo. Su hogar era por tanto acomodado y pudiente.

Su padre, Giorgio Centurione, ducal y consejero de la República en los años 1621-1622 fue un hombre duro y mandatario con su familia.

Su madre, Leila Espínola, dama también de la alta sociedad, era una obsesiva católica, fervorosa y dedicada de lleno a la religión, y participante activa en obras de caridad auxiliando a los pobres.

Lo primero que hizo Leila al nacer su hija fue bautizarla el 4 de Abril de 1587 en el seno de la iglesia católica bajo el nombre de Virginia, y a partir de haberla convertid en cristiana, se dedicó de lleno en instruirla y formarla en la religión bajo su tutela y la de un preceptor escogido expresamente para ello.

La pequeña Virginia creció en este ambiente sacro y piadoso, por lo que no es de extrañar que ya desde aún siendo una niña, expresara de sus deseos de dedicarse a la vida religiosa y profesar los votos para internarse en un convento.

Sin embargo los proyectos que Giorgio Centurione tenía para con su hija eran otros muy distintos, quién por intereses políticos y propios, la entregó en matrimonio a la edad de quince años a Gaspar Grimaldi Bracelli, joven noble y también perteneciente a la nobleza, pero dado por entero al vicio, el juego y la vida desordenada. Aún a pesar del descontento de Virginia, el matrimonio se celebró el 10 de Diciembre de 1602.

De nada sirvieron los intentos de la joven para enderezar la maltrecha vida de su marido, que hacía caso omiso de sus peticiones.

De esta unión nacieron dos niñas, Leila e Isabel. La vida para la joven Virginia pasaba llena de frustración como consecuencia de sus fallidos deseos de entregarse a Dios, pero sin embargo llevó con verdadera dedicación su vida de esposa y madre, y colaborando en obras caridad, socorriendo a los pobres y desde luego sin dejar de ocuparse de su papel de madre y ama de casa.

En 607 Gaspar Bracelli enfermó de tuberculosis y Virginia se trasladó con el a Alessandría buscando un remedio para la enfermedad, remedio que resultó imposible. Allí se dedicó en cuerpo y alma a cuidar a su esposo, al que asistió hasta su muerte el 13 de Junio de 1907.

A la muerte de su esposo, su padre quiso obligarla a contraer segundas nupcias, a lo que ella se negó rotundamente. Como consecuencia Virginia se trasladó a vivir junto a sus hijas con su familia política, educando y administrando los bienes de sus hijas, sin abandonar sus actividades benéficas y sus entregas al recogimiento y a la oración.

Cuando sus hijas crecieron y fueron entregadas al matrimonio, (1610), comenzó a dedicar su vida de lleno al trabajo para los necesitados creando instituciones benéficas y auxiliándolos con sus propias rentas. Repartía limosnas y seguía el día a día de su familia. Ni que decir tiene que los actos de Virginia tuvieron una repercusión negativa en la relación con su padre, quién la vigilaba y controlaba severamente.

Hizo de su casa lugar de acogida para jóvenes abandonadas durante la guerra entre la República de Génova y el Duque de Saboya, que estaba apoyado por Francia, y ayudó a prófugos y pobres que pululaban por la ciudad, atendiendo a todas sus necesidades.

A la muerte de su suegra, en 1625, se dedicó a internarse en los barrios más pobres y conflictivos de la ciudad buscando personas necesitadas y en peligro, a las que instruía para que siguieran el buen camino y las alejaba del mundo corrupto en el que vivían.

Esta actividad se intensificó durante la época de la peste y la consiguiente carestía (1629-1630). Como consecuencia y ante la falta de espacio, tomó en arriendo el convento vacío de Monte Calvario, al que se trasladó el 14 de Abril de 1631 con sus acogidas. La obra fue creciendo con los años y se hizo cada vez más grande, por lo que Virginia cursó la petición de que se le otorgara el reconocimiento oficial al Senado de la República. Le fue concedido el 13 de Diciembre de 1635. Entonces formó la Obra de Nuestra Señora del refugio, bajo la dirección y administración de los protectores laicos nobles designados por el Senado de la República.

Comenzó entonces una obra social sanadora con el único fin de cortar las raíces del mal. Creó centros apropiados para los enfermos e inválidos, y elaboró un sistema de educación para que los hombres y mujeres útiles fueran ejercitados en el trabajo para los hombres y labores para las mujeres, imponiendo la obligación a los niños de asistir a la escuela. Por este motivo las colaboradoras de la alta burguesía y aristocráticas se fueron alejando de ella, tal vez por el miedo de manchar su reputación al tratarse con gente corrompida, por lo que Virginia se quedó completamente sola y fue desautorizada de hecho por los Protectores en el gobierno de su obra.

Su salud se fue deteriorando físicamente, tal vez ante tantas adversidades, pero aún así estaba siempre dispuesta a atender a los más abandonados independientemente de su rango social.

Comenzó a entrar en éxtasis, tener visiones, locuciones y otros domes místicos especiales, y el 15 de Diciembre de 1651, a la edad de 64 años, cansada, gastada, pero satisfecha con sus actos, dejó de pertenecer a este mundo.

Fue beatificada en 1985 y canonizada en 2003 por Juan Pablo II. Su cuerpo incorrupto descansa en la capilla de sus religiosas en Génova

Fuentes y parte del texto:

www.notidiocesis.com

www.vatican.va


miércoles, febrero 11

El Hombre De Graubelle


El conocido como “El Hombre de Grauballe” se dirigía, hace unos 2.300 años, hacia una ciénaga cercana, lugar considerado como una puerta de entrada al mundo sobrenatural, situada en una turbera al noroeste de Copenhague. Lo acompañaban amigos y familiares. El camino discurría entre los pozos abiertos para extraer turba y hierro de los pantanos, materiales que se utilizaban en la edad del hierro con el fin de fabricar armas e instrumentos cotidianos.
Era un hombre alto, fuerte y sano de 34 años de pelo rojizo, incipiente barba y complexión robusta, que había sido elegido por su comunidad para ser ofrecido en sacrificio a una de las diosas de la fertilidad, posiblemente como consecuencia de la trágica hambruna, tras largo periodo de invierno duro, que destruyó las cosechas y dejó al poblado sin alimento.
Las creencias germánicas otorgaban a las deidades el poder sobre la vida y la muerte. El sacrificio era una forma de regalo a cambio de algún beneficio.
Por eso “El Hombre de Grauballe” acató honrosa y heroicamente la decisión tomada, que le fue comunicada con unos días de antelación (de ahí su incipiente barba, indicio de que dejó de afeitarse). Le dolía, y porque no decirlo, le atemorizaba la muerte, trance oscuro que le tocaba atravesar, pero él era un valiente, y se sentía agradecido de ser el elegido para sacar al poblado de la miseria de alimentarse solamente de hierba y paja.

La última comida que le proporcionaron sus verdugos consistió en un potaje de trigo y centeno para satisfacer a sus dioses, pues estos alimentos eran interpretados como símbolo de fertilidad. En esta comida incluyeron además un hongo venenoso, tal vez para recrudecer la agonía de su muerte o por el contrario para embotar sus sentidos ante el inminente dolor.
(Reproducción por computarización de la posible imagen de "El Hombre de Graubelle)

Llegados al lugar de destino, el verdugo tomó la cabeza del “El Hombre de Graubelle”, la echó hacia atrás y con una daga le cortó el cuello de oreja a oreja con tal fuerza, que dejó una muesca en una vértebra del cuello y arrancó a su vez un trozo de una de las orejas. A continuación, moribundo y desangrándose fue empujado violentamente a la ciénaga, que lo engulló y arrastró hacia el fondo. El lodo penetró además de por su inconmensurable herida, por su boca y por sus orificios nasales, pero “El Hombre de Grauballe” ya apenas era capas de experimentar la sensación de ahogo y dolor. Estaba inmerso en un sopor que además de arrastrar su cuerpo a las profundidades, empujaba su alma hacia lo más alto, hacia otra dimensión.
(Imagen tomada en el momento de su descubrimiento en 1952)
“El Hombre de Grauballe” fue descubierto en 1952. Apareció desnudo, con el cráneo aplastado, una tibia rota y su rostro se contorsionaba en una mirada de horror y el dolor. En un principio se pensó que esta horrible mueca era consecuencia de cruentas tortura, pero recientemente, y sometidos sus restos a una tomografía computarizada, se ha llegado a la conclusión de que sus huesos fueron rotos debido a la presión de la turba, que aumentó cuando su cuerpo fue accidentalmente pisado en las labores de desenterramiento.
Gracias a este mismo proceso de computarización se ha podido hacer una recreación de cómo pudo haber sido en vida “El Hombre de Grauballe” imagen que nos hace tal vez intuir como y de qué manera había transcurrido su vida.
Nota: Datos científicos ofrecidos públicamente por Niels Lynerup, (investigador) y Pauline Asing, (arqueóloga), miembros del Equipo de Investigadores Forenses de la Universidad de Coopenague.
Imágenes de:

Robert Clark (National Geographic)

Historias con Historia

martes, enero 27

Ignacia Aguilar, Juguete De La Muerte

La muerte quiso jugar al escondite con Ignacia Aguilar.

Se cree que en vida, Ignacia Aguilar de Charmo era una mujer obesa, sufridora de ataques catalépticos, que la llevaban y traían frecuentemente a un lado y otro de la realidad.

Y esa cruda realidad la atacó por sorpresa, tal vez provocada por la juguetona muerte, cuando un día, Ignacia dejó de respirar y quedó atrapada en “el otro lado”, incapaz de regresar a “éste”.

Dada por muerta, velada y llorada, fue enterrada en el cementerio de Guanajuato, ubicado en el Templo de San Sebastián sobre la primera mitad del siglo XIX.

No se sabe el tiempo que transcurrió desde que fue enterrada hasta que pudo volver de nuevo a “este lado”, y tampoco ya fuera mucho o poco tendría importancia para ella, porque cuando Ignacia Aguilar regresó, se encontró, apresada en un oscuro y breve espacio de madera, e imposibilitada de salir de allí.

De nada sirvieron sus gritos primero, ni sus gemidos después, ni tampoco sus esfuerzos por escapar de aquel horror. Ignacia Aguilar había sido enterrada viva. La muerte siguió jugando con ella privándola en esta ocasión de volver de nuevo al estado catatónico para mitigar así su agonía. La dejó morir lentamente, gritando para que abrieran el ataúd hasta que se apagó por completo el oxígeno del reducido lugar.

Pasó el tiempo, y en 1922 expiró el título de propiedad del nicho en el camposanto. Nadie lo renovó y nadie reclamó sus restos, por lo que las autoridades decidieron hacerse cargo de los mismos y trasladarlos a nuevo cementerio, siendo los funcionarios del mismo los que realizaron la labor de la exhumación del cadáver.

Cuentan que éste apareció boca abajo, quizás en un intento de escapar haciendo presión sobre la tapa con su espalda, con las manos aferradas al rostro y este totalmente arañado por ella misma. Sus gritos ayuda fueron respondidos demasiado tarde.

Ahora “descansa” en el Museo de las Momias de Guanajuato. Su mueca de agonía causada por la asfixia, la posición de sus brazos, así como las lesiones que presenta la piel de su frente, siguen gritando al observador la injusticia que le jugó la muerte.

viernes, enero 9

Rosalía Lombardo

Este pequeño ángel nació en Italia, posiblemente Palermo, en el año 1918. Su nombre era Rosalía Lombardo, y la vida le dio poco tiempo para disfrutarla pues murió el 6 de Diciembre de 1.920, con tan sólo dos años de edad.
Se desconoce el motivo de su ascendencia y de su muerte (al menos yo no los he encontrado en internet) y se conserva intacta desde aquél ya lejano 1.920 en que murió.
Se dice que su momificación fue realizada por el doctor Alfredo Solafia, que trató el cadáver con una serie de inyecciones de componentes químicos desconocidos hasta la fecha y que posiblemente nunca conoceremos, puesto que el secreto de la fórmula se la llevó consigo el doctor a su tumba.
Rosalía Lombardo descansa junto a otras momias en las Catacumbas de los Capuchinos, situadas en la ciudad de Palermo, dónde es considerada la estrella y llamada “La Bella Durmiente” debido a la placidez que muestra su incorrupto rostro.
La dulzura que nos muestra su rostro puede deberse a que verdaderamente murió en paz y relajada, o tal vez al tratamiento al que fue sometida después de muerta. Otro enigma más entre tantos.

viernes, diciembre 5

Maria Bernard

No se trata aquí de hacer conjetura alguna sobre lo ocurrido en esta historia. Tampoco se intenta tratar temas religiosos ni milagrosos. Se trata solamente de poner a todo aquél que lea esta entrada, en los antecedentes que de alguna u otra forma pudieron tener consecuencias en el resultado final. Cada cual se puede forjar su opinión independientemente de teologías, creencias o posibles explicaciones.

Es uno de los casos más conocidos por dos principales motivos: las apariciones marianas y el fenómeno del cuerpo incorrupto.
Y por otro motivo mucho más complejo: El lucro existente en torno al misterio.

Llamada por todos Bernardette, la vida de María Bernard no fue fácil ni sana.

Nacida el 7 de Enero del año 1844 en Lourdes, Francia, fue la mayor de varios hermanos, hijos de familia muy humilde. Su vivienda consistía en el sótano lúgubre y húmedo de un molino, que carecía de las más ínfimas necesidades, dónde por escasear hasta escaseaba la comida, puesto que el oficio de su padre, como molinero era muy escaso, dedicándose por tanto recogedor de la basura del pueblo y del hospital, padecía un escaso y mísero jornal que no daba para abastecer a su prole.

Debido a la mala alimentación, así como al lamentable estado de su vivienda, Bernardette padeció desde muy pequeña una delicada salud que la acompañó durante toda su vida.

En sus primeros años llegó a padecer de cólera, debilitando aún más su ya mermada salud, y posteriormente, adquirió la enfermedad del asma, dado que el clima de la mísera vivienda era brutalmente frío y pocas las posibilidades para cubrirse en las largas y heladas noches.

Con el fin de recoger leña para paliar el tremendo frío que atravesaban, Bernardette, el jueves 11 de febrero de 1858, salió con su hermana y una amiga a recoger leña a la que poder prender fuego a las orillas de un río cercano.
En un determinado momento Bernardette quedó a solas de sus compañeras que se distanciaron unos momentos, y fue entonces cuando según contó posteriormente, escuchó un ruido como el ruido de tormenta que venía de una gruta cercana conocida como Masabielle. A la entrada de la gruta había unas matas de rosas que se movían como si estuviera haciendo viento, pero no lo estaba.
Desde el interior de la gruta ella vio una nube coloreada con dorado y poco después una Señora, joven y hermosa quien se posó a la entrada de la cueva por encima de los rosales.

La Señora le sonrió a Bernardette y le indicó que avanzara. Bernardette perdió todo el miedo que había tenido antes y se arrodillo a rezar el Rosario. Después tanto ella como la Señora completaron las oraciones (aunque la Señora solo recitaba El Padre Nuestro y el Gloria), la Señora despaciosamente se alejó al interior de la cueva y desapareció.

Posteriormente se volvería a producir el mismo fenómeno en 18 ocasiones, cumpliendo en todas ellas y al pie de la letra, las instrucciones que la Señora daba a la niña.

Estos episodios causaron en ella numerosas penalidades y humillaciones, que añadidas a su ya precarias salud y las enfermedades que ya padecía, la hicieron desear ingresar en la Comunidad de Hijas de la Caridad de Nevers, consiguiéndolo en julio de 1866 y comenzando su noviciado el 22 de septiembre de 1878.

También sufrió lo indecible en la mencionada comunidad de hermanas, en especial la madre superiora, no creía en sus enfermedades que se habían agravado, dado que contrajo un tumor en la rodilla, sino que al contrario le recriminaba que toro eran invenciones suyas y que tan sólo intentaba llamar la atención. Incluso a veces la castigaba a recluirse en su celda.

Los años que estuvo en la comunidad se dedicó por entero a la enfermería y a la sacristía, sufriendo todos estos años agudos ataques debido a sus enfermedad, sufrimiento que ofrecía como penitencia por la conversión de los pecadores.

El 16 de abril de 1879, y teniendo a penas 35 años, su salud se agravó peligrosamente, y en su delirio de moribunda exclamó emocionada: “Yo vi a la Virgen. ¡Que hermosa era!” Apretó el crucifijo que llevaba en sus manos sobre su corazón y expiró.

A partir de su muerte fueron muchos los que decían conseguir milagros de Dios a través de ella, corriendo estas noticias como la pólvora y llegando a ser conocida por casi todo el mundo.

El 2 de Septiembre de 1909, el cadáver fue desenterrado 30 años después de su muerte, el cuerpo se encontraba intacto, sin embargo el rosario y el crucifijo que portaba aparecían cubiertos de óxido. Al ver esto, las monjas la bañaron y la vistieron con ropa nueva y la colocaron en un ataúd nuevo.

Volvieron a desenterrarla en 1919. El cuerpo se encontraba en la misma condición que diez años antes, salvo una pequeña decoloración debido al baño que le habían propiciado en el primer desentierro. Esta vez, decidieron encerar la cara del cadáver y se le aplicó una máscara de cera en el rostro para eliminar un tinte negruzco que éste había adquirido, para así evitar que las cavidades de los ojos se vieran hundidas.

Santa Bernadette fue canonizada por el Papa Pío XI el 8 de Diciembre de 1933. Su cuerpo incorrupto todavía puede verse en el Convento de Nevers, dentro de un féretro de cristal.

El cuerpo fue puesto en una caja de oro y vidrio para ser expuesto públicamente. Hoy se encuentra en la Capilla de Santa Bernardita en Nevers. Fue canonizada en 1933 por el Papa Pío XI.

El aspecto actual del rostro del cadáver – lozano y juvenil – es atribuido a la máscara mortuoria en cera. Si bien esto no entra en conflicto con la relativa buena conservación del cadáver, sí en cambio ofrece un modelo idealizado que no se condice con su aspecto real.

miércoles, noviembre 12

El Infante Don Sancho De Castilla y Sandoval

En 1363, Isabel de Sandoval, favorita del rey Pedro I de Castilla, denominado “El Cruel”, dio a luz en Sevilla a su segundo hijo, fruto de la relación con el monarca.

El recién nacido, conocido en la posteridad con el nombre de Sancho de Castilla y Sandoval, tuvo una corta y maltrecha vida, marcada por las luchas mantenidas entre su padre y las distintas facciones que se disputaban el poder, luchas que tuvieron crueles consecuencias en el Infante Don Sancho y en la de su Hermano Don Diego.

A la muerte de Pedro I, ambos hermanos fueron confinados en la fortaleza de Toro (Zamora), por su tío Enrique II de Trastámara. El heredero del Rey Don Pedro pretendía impedirles así cualquier pretensión de acceder al trono y exigir su derecho como hijos naturales del monarca fallecido. "Eran niños que estorbaban" y que había que mantener alejados.

Durante dicho confinamiento, Sancho murió en 1370, cuando apenas contaba siete años de edad.

En el siglo XV, los restos del joven infante fueron trasladados al Monasterio de Santo Domingo el Real, en Toledo, por orden de su hermanastra y priora del convento, María de Castilla, donde ha permanecido desde entonces, siendo apodado cariñosamente por la comunidad del Monasterio como “Sanchito”.

Desde su fallecimiento, y a lo largo de todos los siglos de historia, muchos han sido los historiadores que han sospechado que la muerte del pequeño Sancho se había producido por envenenamiento, sospecha totalmente lógica y habitual dada la época y el momento que se vivía, por lo que desde entonces y en base a lo expuesto, la idea de envenenamiento ha sido considerada como hecho certero.

Sin embargo en el año 2006, y aprovechando la restauración del retablo donde estaba enterrado, y en colaboración con las Hermanas Dominicas, un equipo multidisciplinar de investigadores ha estudiado la momia para tratar de aclarar las circunstancias de su fallecimiento.

El estudio llevado a cabo reveló que el infante no murió envenenado, sino por una infección pulmonar agudo, descartando así la hipótesis de que falleció asesinado por su tío Enrique de Trastámara.

Mediante el empleo de modernos aparatos de escáner en tres dimensiones y gracias a la biopsia de algunos de los restos de tejido que aún conservaba el cadáver, los especialistas se atreven a afirmar que su muerte se debió a causas naturales y no fue envenenado, como se sospechó cuando se encontraron restos de arsénico en su cabello, aunque este hallazgo por sí sólo no era concluyente porque parece ser que antiguamente utilizaban algún producto para el cabello que contenía arsénico. Además en los retablos también se encontró la misma sustancia.

En una primera fase, el cuerpo de Don Sancho fue sometido a un moderno TAC en el Hospital Virgen de la Salud de Toledo. Esta prueba no reveló ningún trauma que pudiese haberle causado la muerte al niño. Además, nuevas técnicas de imagen de alta resolución permitieron comprobar que el ritmo de crecimiento del infante era normal hasta el momento de su muerte.

Posteriormente se procedió al análisis de los restos de partes blandas que aún conservaba la momia, como el nervio óptico, corazón, pulmones o el interior de la columna vertebral y el abdomen.

Este estudio anatomopatológico y toxicológico, ayudado por pruebas de microscopía electrónica, no ha detectado la presencia de tóxicos como el arsénico, el cianuro o el mercurio, lo que permite prácticamente descartar la teoría del asesinato por envenenamiento.

Sí se observó, por el contrario, un volumen pulmonar mayor al que cabría esperar después de un proceso de momificación. Algo que los especialistas atribuyen a una exposición crónica al humo, probablemente de una chimenea u hogar; y a algún tipo de proceso inflamatorio hemorrágico. Es decir, todo apunta a que la muerte del Infante Sancho se produjo de forma natural, probablemente por culpa de una infección pulmonar aguda, seguramente una neumonía.

En el futuro, este mismo equipo de investigadores planea una reconstrucción facial del pequeño en tres dimensiones para conocer cuál fue su apariencia física en vida. Una vez concluidas las investigaciones, los restos de 'Sanchito' volverán a ser depositados en el hueco del altar del Retablo del Señor de las Manos Atadas, donde se han conservado en tan buen estado todos estos siglos.

Fuentes: Diario El Mundo, Diario El País Fotos: Efe

jueves, octubre 9

Las Momias De La República

A veces la ceguera mental del hombre puede llevarlo a cometer actos antinaturales.

No es mi intención juzgarlos ni condenarlos, puesto que para eso tendría que meterme en la piel de los que actuaron y así poder comprenderlos.
Si traigo hoy estas imágenes es porque el fin de este blog es recopilar datos sobre momias y nada más.

Estas imágenes fueron tomadas en una época negra de nuestra historia, cuando la obcecación con la lujuria secreta del clero motivó en muchos de los casos algunos de los episodios más feroces del fenómeno anticlerical como pudo ser el de las exhumaciones revolucionarias, pues muchos de quienes desenterraban los cadáveres buscaban, en no pocas ocasiones, las pruebas que delataran el proceder licencioso del clero, así como diferentes objetos eróticos o momias de monjas sepultadas con fetos probando de esta manera la naturaleza pecaminosa y antinatural de la vida en la comunidad monástica.

Además, los desenterramientos pretendían mostrar a las claras la ausencia de santidad que se hacía explícita en los efectos de la corrupción sobre los cuerpos enseñando como, a pesar de haberse recubierto de un halo de santidad, los miembros de la Iglesia quedaban sometidos a la misma suerte que el resto de los mortales condenados a la muerte y la putrefacción.

Las momias fueron expuestas en la escalinata de entrada de la Iglesia de las Salesas de una ciudad española, dónde las contemplan la multitud.